Corazón de la filipina

Gabalin - Historia Alternativa de la Segunda Guerra Mundial

2020.11.04 20:24 Sea_Calligrapher6073 Gabalin - Historia Alternativa de la Segunda Guerra Mundial

Alemania y la Unión Soviética firman un pacto de "No Agresión" y acuerdan la repartición de Polonia entre ambos. El conflicto comenzó, según Alemania, cuando Polonia masacró a 1500 Alemanes dentro de su territorio cuando reclamó el territorio que la mantenía dividida en dos.
Francia y Reino, que hasta entonces habían manejado la expansión Alemana de una manera verdaderamente penosa, e incluso haciéndole las cosas más fáciles a Alemania, declararon la guerra a esta.
La Unión Soviética comienza la guerra de Invierno contra Finlandia, mientras tanto Alemania invade Dinamarca y Noruega para controlar el petróleo en Escandinavia, en 1940.
Para Mayo de 1940 Alemania invade Francia, gracias a la iniciativa del líder Adolf Hitler. Aplicando una táctica que tomó por sorpresa a los aliados, Alemania tomó la capital de Francia, París, en una semana tras iniciada la invasión. También logró capturar a más de 300.000 soldados Británicos y Franceses al evitar su huida en dirección a la isla de Gran Bretaña. Bajo esto el ministro Británico es reemplazado por Winston Churchill, él tenía una gran oratoria, dándole esperanzas al pueblo Británico de no rendirse y rechazando la oferta de paz dada por Hilter. Hitler invade Lituania para evitar que caiga bajo poder Soviético, al observar que se lanzó a la conquista de los países Bálticos.
Los demás aliados de Alemania, Italia y Hungría comenzaron a moverse tras ver el exitoso desempeño Alemán. La Unión Soviética y Hungría se reparten pequeños territorio de Rumanía.
Apoyando movimientos revolucionarios Fascistas en los Balcanes, Alemania, Italia, Hungría y Bulgaria invaden Yugoslavia y se la reparten entre ellos, dando independencia a su nuevo aliado, Croacia, y ocupando militarmente Serbia.
Hitler se reúne con sus aliados para comentarles el inicio de la Operación Barbarroja, Benito Mussolini (Dictador de Italia) comentó sus intenciones de invadir Grecia, pero Hitler dijo que abrir más frentes actualmente simplemente dificultaría las acciones de todos.
En el 10 de Junio se da inicio a la Invasión de la Unión Soviética, que recientemente Rumanía se unió al EJE por beneficio propio.
Ya para Julio, un mes después de iniciada la invasión, es creado el estado Satélite de Ostland (Tierras del Este) o también llamada Baltenland (Tierras bálticas).
En el marco de las políticas Nacionalsocialistas establecidas por Adolf Hitler, pasaba por el completo exterminio de las poblaciones judías, el asentamiento de alemanes étnicos y la expulsión o germanización entre la población local.
Con esto se buscaba aniquilar a la población Eslava de los territorios para más tarde repoblar con Alemanes Arios. Los Países Bálticos contaban con una ubicación privilegiada al estar situados bastante cerca de Escandinavia y Alemania, esto hizo que la población local adquiriera una cultura muy similar a la nórdica, y por lo tanto, los Alemanes consideraron que también deberían ser considerados Arios. Una vez asimilado el territorio se pretendía expandirlo hasta la República Socialista Soviética de Bielorrusia, que según los Nazis, ellos eran los Eslavos menos inútiles de todos, y luego anexarlo al Tercer Reich.
El siguiente Estado Satélite en formarse fue Ukraine (Ucrania). Los Ucranianos sufrieron hambrunas y purgas por culpa de la Unión Soviética, ellos odiaban a Stalin por tratarlos pero que animales. Por esta razón intentaron aliarse con Alemania, pero Hitler se negaba a aceptar su ayuda por su claro odio a los Eslavos.
Los Ucranianos recibieron al ejército Nazi como libertadores, y a estos se les permitió crear pequeñas divisiones para combatir a los Soviéticos. Aún así, el exterminio de la población Eslava y la deportación de estos no tenía planes de cambiarse.
Para Octubre de 1941, Alemania ya estaba a pocos días de Moscú. Se decidió seguir avanzando hacia la capital enemiga, aprovechando que está se encontraba con poca resistencia mientras por otro lado se aseguraba el frente Sur en Ucrania. Fue en ese mismo mes cuando la Capital Soviética calló en las manos del Enemigo.
En el norte se logró contener un posible rearme y contraataque Soviético, y con la llegada del invierno el frente comenzó a estancarse.
En Marzo de 1942, ya con el frente Oriental relativamente asegurado, Italia comienza la invasión de Grecia. Esta invasión fue un fracaso para Mussolini que fue incapaz de impedir el ingreso de los Griegos hacia Albania. Finalmente Alemania tuvo que intervenir invadiendo Grecia junto con Bulgaria.
En Junio de 1942, Alemania inicia la conquista del Cáucaso. Al mismo tiempo en África del Norte, el general Alemán Rommel, resultó victorioso en Egipto, y logró asegurar el petróleo de Medio Oriente.
Al cuarto mes de iniciada la conquista, en Octubre se da por exitosa. El Reino Unido y la Unión Soviética en un acto conjunto, invaden Irán e Irak para evitar que los recursos de estos caigan en manos de Alemania.
En Febrero de 1943, Alemania convence a Turquía de unirse al EJE, prometiendo venganza y la restauración de partes de sus antiguos territorios del Imperio Otomano. En ese mismo mes, la ciudad de Stalingrado es tomada por las fuerzas Alemanas tras una gran batalla. La moral Soviética está en su punto más bajo.
En Agosto de 1943, los Aliados, ya con Estados Unidos en la guerra con Japón y Alemania, invaden Sicilia. Un mes después, en Septiembre, por iniciativa de Churchill, invaden la peninsula Itálica, dando inicio a la guerra Civil Italiana. Hitler reemplaza a Mussolini y en su lugar estable la República Social Italiana.
Para Diciembre de 1943, los Aliados fueron derrotados en Italia, y el frente Oriental con la Unión Soviética solo empezaba a ser dominado totalmente por Alemania.
En Julio de 1944 los Aliados inician su último intento de penetrar en territorio continental Alemán con el desembarco de Normandía, el desembarco más grande en la historia, pero no fue suficiente para derrotar a las defensas bien colocadas, resultando en un fracaso en un punto culmine de la guerra.
En Septiembre de 1944, España entra a la guerra bajo el bando del EJE, esto mejoró enormemente la capacidad de Alemania de poder recuperar el Norte de África.
Ya en Agosto de 1945, la Unión Soviética se encontraba sin esperanzas contra un enemigo imparable. Esto la llevó a proponer un armisticio en Octubre del mismo Año, tras el asesinato de Stalin. Entregando todo el territorio Europeo de la Unión. La rendición de la Unión Soviética en Reino Unido y Churchill Fue devastadora para la moral de estos, pero Churchill sigue afirmando que los Británicos jamás se rendirán.
Dos meses antes, en Agosto se dió el bombardeo Nuclear de Estados Unidos a Japón, terminando con la rendición de este último. La Unión Soviética y Estados Unidos comenzaron a tomar las posesiones Niponas en Asia.
La noticia de la Bomba Nuclear fue una alerta para Alemania, rápidamente se puso a invertir gran parte de los recursos y el personal en fabricar sus propias bombas, que anteriormente ya habían echo 3 pruebas fallidas.
Para Noviembre de 1945, El Reino Unido seguía sin aceptar la paz Alemana, y con una bomba nuclear ya fabricada y lista, se dió la orden de lanzarla sobre la ciudad de Manchester, algo que dolió mucho a Hitler porque consideraba a los Británicos como iguales en cuestión de pureza racial.
La ineptitud de Churchill provocó mucho odio contra él, acabando con montañas de cadáveres de soldados y civiles Británicos. El Reino Unido acepta el tratado de paz de Alemania ese mismo mes, luego Estados Unidos firma un armisticio.
Las potencias del EJE en Europa festejan la magistral Victoria de la Segunda Guerra Mundial.
Hitler, ahora con el control de casi toda Europa, renombra la ciudad de Berlín como Germanía, y la desarrolla hasta convertirla en la capital del mundo. El gobierno Alemán fomenta la migración Alemana y colonización de los nuevos territorios en Europa y África, exterminado a la población nativa para reemplazarla con Alemanes étnicos. Pero también se utilizarán a los Eslavos para reproducirlos con Alemanes para aumentar la población en los territorios.
El Reino Unido y el EJE se reparten en un nuevo tratado sus territorios en África, destacando la isla de Madagascar, que quedó bajo el mandato de Alemania. Esta isla sería utilizada como basurero para enviar a los Judíos y demás personas a trabajar en agricultura, todo controlado por un gobierno militar Alemán en la isla. En cuanto a Italia, su participación en la guerra casi le cuesta su participación en el tratado, pero como Alemania necesitaba aliados, se le encargó la administración de Arabia, Irak y Yemen como protectorados bajo su cargo.
Afganistán siempre deseó tener buenas relaciones con Alemania, y se le dió la oportunidad al invadir el Raj Británico de la India, luego de la total ocupación de los Nazis en Irán, al cual establecieron un gobierno Pro Nazi. Turkmenistán logra su independencia de la Unión Soviética al aliarse con Alemania igualmente.
Mientras tanto la Guerra Civil China es retomada, entre Comunistas y Capitalistas. La Unión Soviética intentando recuperarse de su gran guerra, apoya a los Comunistas.
En 1948, Abyssinia comienza su guerra de independencia de Italia, apoyada por el Reino Unido y Estados Unidos. La guerra terminaría en 1951, con victoria Independentista.
En 1950 estalla la guerra de Corea, entre Corea del Norte apoyado por China y la Unión Soviética, y Corea del Sur apoyada por Estados Unidos. La guerra acabaría en 1953 con un armisticio entre las dos Coreas.
En 1960, la colonias Británicas y Italianas en África comienzan a Independizarse, siendo la última en hacerlo Rodesia, un país de mayoría blanca simpatizante del Fascismo Alemán.
Estás guerra Fría de tres bandos entre Fascismo, Socialismo y Capitalismo hizo del mundo un completo caos. Cada bando apoyaba a movimientos para consolidar su poder mundial.
Estados Unidos se encargó de volver al Reino Unido una base militar gigante, por su obvia localización cercana a Alemania. La Unión Soviética económicamente no era tan poderosa, pero militarmente era de temer, motivada especialmente por el odio hacia Alemania. El Tercer Reich era más claro dominante la Guerra Fría, gracias a su victoria en la Segunda Guerra Mundial, que le sirvió como trampolín para expandir su ideología. En 1963 anexa totalmente el Estado Satélite de Ostland, tras completar su "Germanizacion", ese mismo año invade conjuntamente con Italia a Suiza porque se temía que fuera utilizada como base de espionaje por Estados Unidos. El gran problema era que su economía de controles de precios y completamente cerrada, se había convertido en una economía de guerra, una economía que tenía que estar constantemente en guerra si quería evitar caer en crisis.
Las constantes amenazas entre Alemanes y Soviéticos aumentaron cuando la Unión Soviética reclamó la anexión de Turkmenistán, Alemania reclamó a la Unión Soviética que no podía amenazar con la anexión. El gobierno de Turkmenistán comenzó a simpatizar con Alemania, a su vez que tanto Alemania como la Unión Soviética militarizan sus respectivas fronteras entre ambos. Sobretodo tras el fallecimiento de Hitler en 1967, Los líderes Alemanes comenzaron a tener una postura más hostil y despiadada contra sus enemigos. Todo estalló en Octubre de 1972, cuando la Unión Soviética toma la iniciativa invadiendo el Estado Satélite de Moscú. Alemania y las Potencias del EJE declaran la guerra a la Unión Soviética. Mientras tanto Estados Unidos, quien se encontraba en guerra con Vietnam, es atacado por China, gracias a la iniciativa Soviética. Estados Unidos declara la guerra a la Unión Soviética y China en enero de 1973.
Para Julio de 1973, Alemania expuso completamente a los Soviéticos de su territorio y comenzó a invadir Siberia.
En Septiembre la Unión Soviética anexa a Turkmenistán.
En Noviembre, Tropas Estadounidenses desembarcan en Corea del Sur.
En Febrero de 1974, Estados Unidos inicia un gran desembarco en China, tomando las ciudades más importantes con relativa facilidad, gracias a la escasez de riqueza y armamento con la que contaba China y la Unión Soviética.
En Junio, Alemania ya controlaba casi la totalidad del Turkestan, en duras batallas en los desiertos de Asia Central, al mismo tiempo que combatía en el helado norte de Siberia.
Para Agosto de 1974, la derrota de los Socialistas solo era cuestión de tiempo, el corazón de China ya fue casi conquistado en su totalidad por Estados Unidos, y la Unión Soviética perdió sus territorios más importantes en Asia Central. Alemania viendo que si Estados Unidos controlaba aún más territorios en Asia, declara la guerra a este par evitar su expansión. En ese mismo mes, todas las naciones Capitalistas de África declaran la guerra al EJE, al saber que si no actuaban ahora, su exterminio sería cuestión de tiempo.
En Diciembre, la República Popular China colapsa, el Tíbet se independiza y lucha del lado de Estados Unidos.
En Enero de 1975, las fuerzas del EJE y Estados Unidos ya con controlaban la totalidad de Irán, en una lucha por el control del petróleo.
En Marzo, Estados Unidos invade el Norte de África. Ya para este momento fueron bombardeadas 3 ciudades con Bombas Nucleares, Vossburg (Alemania, provincia de Nordmark, en el actual norte de Rusia) Kukus (Turkestan) y Alemania respondió bombardeando Pekín (China), esto fue un bombardeo planeado para encestar un fuerte golpe a los Socialistas, además de que retrasaría enormemente las operaciones de los Estadounidenses en dirección a Siberia.
Para Abril de 1975, China fue totalmente derrotada y la Unión Soviética relegada a una esquina del mundo. Alemania logró expulsar a los Aliados y Socialistas de Irán y Afganistán, en los cuales encontraría importantes aliados.
En junio, Estados Unidos invade el sur de la península Ibérica.
En Agosto ya a controlaba casi la totalidad de la península. Turquía por su parte hacia un excelente trabajo reteniendo a las fuerzas Estadounidenses en Medio Oriente.
En Septiembre rebeldes Franceses toman control de Francia y los aliados desembarcan con todo lo que tienen en Europa.
En Octubre, Alemania estable aliados en forma de Estados Satélites en Asia para controlar tan extenso frente de batalla, al mismo tiempo que expulsaba a los invasores de Francia.
En Enero de 1976, la tropas Estadounidenses son obligadas a ir abandonado poco a poco sus posesiones en Asia para replegarse a su territorio continental.
En Abril la Unión Soviética es derrotada totalmente por Alemania, quién ya controlaba todo Asia. Japón abandona su "Semi-Neutralidad" al permanecer en guerra la Unión Soviética pero si aliarse con Estados Unidos. Alemania le propone a Japón reestablecer su Imperio, algo que Japón acepta y se une al bando del EJE. Pero Alemania no permitiría que Japón obtenga territorio en el Sudeste Asiático para evitar que Japón se vuelva más poderoso.
En Mayo, Alemania comienza la invasión terrestre del Reino Unido.
En Julio, Rebeldes Fascistas Irlandeses toman la isla de Irlanda, y Gran Bretaña cae completamente ante Alemania.
En Agosto, las últimas fuerzas Chinas Capitalistas y fuerzas Estadounidenses son derrotadas en Asia. Filipinas se rinde e Indonesia y Malasia deciden Cooperar con el EJE.
En Octubre, Alemania y Japón se reparten los territorios Asiáticos.
Para Noviembre, la totalidad del Norte de África ya fue recuperado y devuelto a Iberia, Alemania e Italia.
Un mes después, todo África es controlado por los Fascistas.
En Marzo de 1977, inicia la Guerra Civil Brasilera, entre Fascistas y Capitalistas. Gran parte de la población de origen y/o descendencia Alemana pertenecía a los Fascistas, apoyados por Alemania que previamente invadió Uruguay. En Abril, en Argentina, que la gran mayoría de los gobernantes eran simpatizantes Fascistas, comenzaron a colaborar con el Tercer Reich permitiendo el traslado de tropas del EJE en territorio nacional. Anteriormente en 1975, por iniciativa de Estados Unidos para aplicar el plan "Cóndor", una invasión a las nuevas Repúblicas Socialistas programadas en Bolivia y Paraguay, con las guerrillas echas por el Che Guevara. Para hacer frente a la guerra y la multitud de guerrillas de Montoneros, Evita entregó el poder de las fuerzas armadas al militar Videla para que comandará eficientemente el conflicto, pero cuando ella comenzó a demostrar sus vínculos con el Nazismo, Videla comenzó un golpe de estado para sacarla del poder, dando comienzo a la Revolución Argentina del 77, con enfrentamientos ocurridos en la provincia de Buenos Aires y demás localizaciiones cercanas, culminando con la victoria de las Fuerzas del EJE, el fusilamiento de Evita a manos de Videla, y la captura y retención de este por intento de golpe de estado. Ahora Argentina, con un gobierno colaboracionista Nazi, militariza todas las fronteras y apoya a los Fascistas Brasileros. En Chile, el dictador Pinochet, para evitar una posible invasión del EJE a su país, permite la ocupación del territorio a cambio de su estancia en el poder.
Para finales de Mayo, Brasil sucumbió ante los Fascistas. Ahora Alemania poseía territorios lo suficientemente cercanos para invadir la costa Este de los Estados Unidos.
En Julio de 1977 se da comienzo a la gran invasión a Norteamérica. Tras legendarias batallas en suelo Estadounidense, Estados Unidos se rinde en el Febrero de 1978, mostrando la caída de la Estatua de la Libertad.
Estados Unidos será dividido en tres países: California, Texas y los Estados Fascistas de América. Los territorios de la Unión Soviética quedarán como Estados Satélites del Tercer Reich como el Turkestan y Siberia, además Alemania tendrá una gran influencia en todo el resto del continente Asiático exceptuando el Sudeste. Japón se vuelve la Segunda Potencia Mundial y es capaz de hacerle competencia a Alemania. Tiene ambiciones expansionistas contra Filipinas y Indonesia, pero por ahora no cree necesario la expansión territorial, pero si ideológica y comercial.
Alemania anexa en Europa a todos los países con mayoría de población Aria, exceptuando Finlandia que conservo su independencia por el nacionalismo de su pueblo.
Toda la población negra, mestiza, homosexual, etc, es exterminada. Alemania fomentará la repoblación de África con Alemanes étnicos.
En Oceanía, más específicamente en Australia y Nueva Zelanda, son los únicos países en donde el Tercer Reich no tiene mucho poder, aún así fueron obligados a cumplir con las demandas que dicte el Tercer Reich.
Una vez terminada está devastadora Tercera Guerra Mundial, vino una gran paz, pero bajo la sombra del exterminio de continentes enteros. En la década de los 80' Alemania y Japón entraron en una carrera espacial, ganada por Alemania en 1986 al llegar a la luna por primera vez.
En el 2014, Los Estados Fascistas invadieron y anexaron la isla Cuba, en un intento de remarcar su poderío. Esto entra en conflicto con Iberia que últimamente se ha unido con los países caribeños.
Arabia y Italia han estado teniendo roces por culpa de la expulsión Italiana de los Musulmanes en las colonias de África.
Las políticas comerciales de Japón de libre comercio, pero ha su vez impidiendo que las empresas Alemanas entrasen en Japón molesta mucho a Alemania, teniendo control en Tailandia, Filipinas, Indonesia, Norteamérica y en menor medida en Oceanía.
El nuevo Orden Mundial, ideado por Adolf Hitler, tiene grandes avances en ramas como la Eugenesia y en el ámbito militar. Pero a costa de muy poca libertad, nula insentivacion del arte y de la música, muy poca tolerancia religiosa acompañado de un fanatismo religioso en el otro extremo.
Un mundo creado bajo el mandato del Gran Tercer Reich. Que cada 20 de Abril y 4 de Noviembre se conmemora y se lamenta respectivamente el nacimiento y fallecimiento de Adolf Hitler.
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2017.03.19 16:22 felipostero China ha marcado con claridad el camino del futuro para dar un vuelco radical al orden financiero y económico vigente y le ha puesto un nombre a su estilo : El cinturón, la carretera y los pasos hacia el "gran salto"

China ha marcado con claridad el camino del futuro y le ha puesto un nombre a su estilo: “Un cinturón, una carretera”. Parece ya muy lejano aquel año de 2013 cuando el presidente Xi Jinping hizo una propuesta para dar un vuelco radical al orden financiero y económico hasta entonces vigente.
Es lo que se conoce popularmente como “Nueva ruta de la seda”, un nombre mucho más fácil de retener que el oficial.
Poca gente se dio cuenta entonces de lo que representaba una iniciativa de estas características puesto que no sólo suponía el inicio de un nuevo orden económico, sino que iba acompañada de toda una revisión del sistema financiero en el que se sustentaba hasta entonces el mundo y que se basaba en el sistema de Bretton Woods que ha regido desde la II Guerra Mundial. Porque en paralelo a esta “Nueva ruta de la seda” se ponía en marcha el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), el organismo financiero que la da soporte.
Poca gente se dio cuenta entonces de que China es un país gobernado formalmente por el Partido Comunista, que la mayoría de sus grandes empresas y bancos están en manos del Estado y que, en síntesis, la “Nueva ruta de la seda” y todo lo que la acompaña representa una ambiciosa (y al mismo tiempo preocupante, para Occidente) expansión del capitalismo de Estado tanto en el ámbito económico como en el financiero. No hay que perder de vista que cuatro de los cinco bancos más grandes, en cuanto a volumen de dinero, reservas y negocios, son chinos. El otro es japonés.
Pero en lo que sí cayeron algunos, como EEUU, fue en que la “Nueva ruta de la seda” no sólo era la versión moderna de la abierta por la propia China hace más de 2000 años, sino que esta tenía un componente nuevo: no sólo era terrestre, sino que incluía el transporte marítimo. De ahí lo de “cinturón”, que hace referencia a un cinturón marítimo puesto que lo de “carretera” es evidente para el desarrollo por tierra. Teniendo en cuenta que el mar ha sido tradicionalmente el Talón de Aquiles de China, EEUU se puso manos a la obra para evitarlo e inició toda una estrategia de cerco marítimo, reforzando y multiplicando su presencia militar en los países asiáticos y oceánicos.
Este fue el eje sobre el que Obama quiso que pivotase su segundo mandato (1). Tenía claro que una combinación de poder territorial y marítimo suponía el fin de la hegemonía comercial estadounidense en Asia, por lo que pese a muchas reticencias terminó adhiriéndose a la Asociación Trans-Pacífico aunque su sucesor, Donald Trump, ha dado marcha atrás y ha retirado a EEUU de la misma. Ironías del destino, los ahora huérfanos países de la fenecida ATP quieren invitar a China a que forme parte de esa asociación, a la que dicen querer reformar de sus pretensiones iniciales, y China se está dejando querer.
Otros, como Rusia, vieron el cielo abierto con la iniciativa de “Un cinturón, una carretera”. Aunque no fue inmediato el interés que Rusia puso en ella, las sanciones que impuso EEUU en 2014 (a las que se sumó irreflexivamente la Unión Europea) hicieron que el sector euroasiático del Kremlin ganase finalmente el enfrentamiento con los euroatlánticos y la política tradicional del Kremlin de mirar a Europa cambió hacia Asia, hasta entonces considerado sólo un territorio secundario a excepción del correspondiente a los países que habían formado parte de la Unión Soviética. Y en Asia la potencia incuestionable es China.
China no dio este paso a la ligera. Lleva años de penetración callada en todos los continentes haciendo gala del “consenso de Beijing”, la considerada ideología oficial en política exterior y que, en síntesis, se basa en la multipolaridad, la no injerencia y la diplomacia. Tres aspectos que están en las antípodas de la forma en que EEUU (como el resto de países occidentales) se ha venido comportando para lograr su hegemonía mundial.
Son ya muchos los países de todos los continentes que han constatado que China apuesta por el desarrollo pacífico y por minimizar el conflicto para facilitar el desarrollo económico y las inversiones. Es una opinión muy extendida, sobre todo en los países africanos y asiáticos. Y son muchos los que ya contraponen este sistema al del FMI y al del BM. Pero a quien le corresponde hacer que la diferencia sea palpable en todo el planeta es a la misma China y aquí tiene un claro déficit: su propia situación interna (corrupción, desarrollismo a cualquier costo, aumento de la desigualdad social y conflictos sociales generados por todo ello) suele ser puesta de relieve por Occidente para atemperar las ansias de cambio de otros países y el que miren como nuevo referente económico y financiero a China.
Así que esta es una de las razones del giro interno dado no hace mucho por la dirección del PCCh, con el presidente Xi Jinping a la cabeza, y la lucha no sólo contra la corrupción sino contra la pobreza y un mayor interés en las cuestiones ambientales que se acaba de sancionar en la recién terminada reunión anual de la Asamblea Nacional Popular (5-15 de marzo).
Los pasos hacia el “gran salto”
En esta reunión se ha podido constatar que dentro del PCCh hay dos sectores, al igual que en el Kremlin, aunque no se les puede denominar igual que a los rusos pese a que tengan la misma o muy parecida orientación. Dentro del PCCh hay quien apuesta por una mayor rapidez en cuanto a desbancar a EEUU como superpotencia –sobre todo el sector vinculado con el Ejército- y quien dice que hay que ralentizar todo el proceso para evitar un enfrentamiento abierto en unos momentos en los que China aún está por debajo de EEUU en términos militares.
Este sector afirma que aunque China ya no está en una situación como la de las tres grandes crisis que ha sufrido en los últimos 20 años como consecuencia de la rápida integración a una economía globalizada (lo que consideran “crisis importadas”) y que ha resistido muy bien la penúltima agresión económica externa de 2015, cuando varios ataques simultáneos de los grandes intereses financieros, desde dentro y fuera de China, causaron importantes caídas en los mercados de valores y una reducción de las reservas de divisas, aún no se es lo suficientemente fuerte como para dar “el gran salto”.
Esta es la posición de la gran mayoría del sector gobernante, que ha retrasado todo lo que ha podido el sistema financiero alternativo (principalmente el BAII) y apuesta siempre que puede por mantener la supremacía del sistema de Bretton Woods (léase el FMI y el BM) hasta que llegue ese momento del “gran salto”. Así hay que interpretar las constantes apelaciones chinas a que el BAII “complementa” a esas dos instituciones.
Sin embargo, la situación de crisis mundial de los países capitalistas clásicos está haciendo casi imposible esa espera. El BAII es claramente ya la alternativa tanto al FMI como al BM y los hechos son tozudos al respecto: sólo en el año que lleva plenamente operativo ha concedido créditos, en yuanes, por un equivalente a los 48.000 millones de euros para financiar la friolera de 120 proyectos relacionados con la “Nueva ruta de la seda”. El último hasta el momento ha sido otorgado el pasado 13 de marzo a Filipinas –con lo que queda palpable el giro que da este país en sus relaciones exteriores, distanciándose aún más de EEUU- por un equivalente, en yuanes, a 6.900 millones de euros. Por el contrario, el Banco Asiático de Desarrollo, que lidera Japón y que también es subsidiario del BM, otorgó en 2016 únicamente 13'5 millones de euros para proyectos en infraestructuras aun reconociendo que la región necesita una inversión anual de 800 millones sólo en ese aspecto. Como se ve, la diferencia es abismal y los países asiáticos se dan perfecta cuenta de ello.
A estos proyectos y créditos hay que sumar los concedidos por China a América Latina –si bien no han sido realizados o bien bajo la cobertura del BAII sino del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS (otra de las instituciones alternativas al FMI y al BM), como es el caso de los proyectos en Brasil, o bien de forma unilateral- y que suponen un total de 21.200 millones de dólares (aquí sí en esta moneda) superando, con mucho, lo concedido en el mismo tiempo por el BM y su subsidiario zonal, el Banco Interamericano de Desarrollo, y que ha sido de 11.600 millones en total.
Al mismo tiempo, China es el principal suministrador de créditos a 15 países africanos (de los 54 que componen el continente) y está cogiendo cada vez más fuerza incluso en la moribunda Unión Europea, donde ya es el principal socio comercial de Alemania (170 millones de euros de comercio anual), superando a los EEUU (165 millones de euros).
Por lo tanto, la tendencia es ya global e imparable. Este papel claramente hegemónico o, si parece muy fuerte la expresión, preponderante en las relaciones internacionales representa un contrapeso, quiérase o no, del sistema occidental basado en Bretton Woods y muestra que China tiene capacidad para dar un giro al sistema económico global. Si quisiera. Porque en estos momentos quien lleva la voz cantante en el Partido Comunista de China es el sector que quiere mantener a cualquier costa las conexiones con Occidente sin asustar demasiado.
Este sector no quiere convertir al BAII en la alternativa definitiva al FMI y al BM, de ahí la insistencia en que son instituciones “complementarias”, y tampoco quiere reemplazar al dólar como moneda de referencia del mundo a pesar de constatar una y otra vez que EEUU rescribe sus propias normas, como ha hecho con el FMI, por ejemplo, para responder a la subida de los rivales económicos. EEUU tuvo que admitir que el yuan formase parte de la canasta de monedas de reserva (divisas) del FMI pero al mismo tiempo impuso un cambio normativo en el que los préstamos emitidos en dólares deben ser pagados en su totalidad pero no así los de otras monedas. Eso perjudica de forma clara a China.
Sin embargo, las tensiones internas y la propia dinámica económica global, con un descenso de la hegemonía occidental y el creciente auge del resto (la propia China, así como India e, incluso, Rusia) hacen que ese reemplazo esté mucho más cerca de lo que a este sector le gustaría y el camino es cada vez más rápido hacia la igualdad yuan-dólar en cuanto al comercio internacional y transacciones financieras se refiere. El ser ya moneda de reserva en la canasta del FMI lo hace inevitable, aunque se podrá acelerar más o menos. Esa es la baza que ahora, después de la Asamblea Nacional Popular van a jugar los dirigentes chinos.
El BAII tiene ya su propio ritmo y su simple entrada en funcionamiento, en enero del año pasado, ha supuesto una mayor coordinación de los esfuerzos financieros de China para la exportación de capital, el fortalecimiento de los vínculos financieros con otros países, especialmente los asiáticos, y se ha otorgado más formalidad a esos vínculos dotándoles de un alcance mucho mayor que el económico. Ha puesto ya la base para una mayor influencia estratégica de China en todo el mundo y así lo han reconocido países aliados tradicionales de EEUU, como Alemania o Gran Bretaña, que se han sumado al BAII desoyendo a los estadounidenses. Es la primera vez en la historia reciente que EEUU (y Japón) queda fuera de una institución financiera de este relieve y pone de manifiesto que están empezando a surgir importantes contradicciones entre EEUU y sus aliados. El hecho ya mencionado de que China se haya convertido en el primer socio comercial de Alemania es suficientemente significativo al respecto.
Esto supone un espaldarazo al sector del PCCh que quiere ir más deprisa y desbancar a EEUU como superpotencia. Estamos en un momento histórico, dicen, “donde los planes de reformar la globalización prescindiendo del neoliberalismo para mejorar la vida del planeta están a punto de erosionar el orden liberal internacional que EEUU ha impuesto al mundo desde 1945”. Este sector está creciendo e imponiendo algunas cuestiones en el discurso, como quedó patente en la última cumbre del G-20, celebrada precisamente en China, cuando Xi Jinping hizo un llamamiento a una “nueva globalización” fuera de los parámetros neoliberales, de los valores occidentales y de sus instrumentos (2), haciendo hincapié en que cada país tiene que seguir su propio camino específico hacia el desarrollo “fuera del desastroso, largo y ruinoso camino de extender la democracia tal y como lo planteaba la antigua globalización”.
Por si no hubiese quedado claro el mensaje, en esta crucial reunión de la Asamblea Nacional Popular se ha contrapuesto la situación en los países occidentales (con referencias a EEUU y a la UE) con “la estabilidad del sistema comunista”. Y se ha utilizado una cita de Mao para afirmar que “la aparición de la crisis social del capitalismo es la evidencia más actualizada para mostrar la superioridad del socialismo y del marxismo”. Es la primera vez en mucho tiempo que se utiliza un lenguaje semejante, sobre todo cuando se añade que “la democracia de estilo occidental solía ser un poder reconocido en la historia para impulsar el desarrollo social, pero ahora se ha llegado a su límite (…) puesto que está secuestrada por los capitales y se ha convertido en el arma para los capitalistas que persiguen beneficios”.
Si China no está mostrando el camino, sí está diciendo “aquí estoy” y presentándose como una superpotencia estable, promocionando sus valores –tanto económicos como políticos- para encabezar esa nueva globalización que reclamó en el G-20. Incluso se llega a afirmar que se está casi en una situación inversa respecto a 1979, cuando China y EEUU restablecieron relaciones diplomáticas, y donde el impacto ideológico, institucional y económico de EEUU en China fue brutal y espectacular, pero ahora la situación es otra puesto que ya no es EEUU quien marca el paso en muchos aspectos, sino China. Incluso en un asunto de importancia capital: la cibernética.
China tiene el sistema más grande de telecomunicaciones del planeta, la red ferroviaria de alta velocidad más larga del mundo y ahora es quien utiliza la política industrial y comercial para dominar las tecnologías emergentes, quien hace inversiones masivas de capital como se ha apuntado antes y quien lleva nuevas ideas al mercado a escala mundial. Desde EEUU aún se dice que China no innova, que solo imita, pero pese a ello ya considera al país asiático como su gran rival pese a la retórica con la “amenaza rusa”.
La amenaza Trump
En EEUU están hoy más preocupados con los grandes planes económicos y financieros de China que con Rusia, pese a las apariencias. Trump se dio cuenta de ello cuando pretendió buscar un acercamiento a Rusia para debilitar la alianza estratégica que este país mantiene con China, pero la “rusofobia” del “estado profundo” le está haciendo desistir a marchas forzadas de ese acercamiento y China está sacando partido de todo ello mientras tanto.
China sabe que es una tregua temporal, que cuando se asiente Trump, gane o pierda su enfrentamiento con el “estado profundo”, no sólo van a volver las tensiones sino que se van a multiplicar. Y para ello tiene que estar preparada porque de ello depende el éxito de “Un cinturón, una carretera” dado que China ya ha dejado claro que pretende liderar el mundo a través de las infraestructuras.
China está construyendo todo un entramado financiero y económico que va a unir y enriquecer a las naciones y muchas de ellas ya han convertido a este país en su principal socio comercial. Para esto es el BAII, el corazón de toda la estrategia china y de la que la sangre es “Un cinturón, una carretera”. La torpeza de EEUU de no unirse al BAII está provocando que EEUU sea espectador de las grandes transformaciones que se están dando en el mundo. EEUU se ha pasado décadas sermoneando, y amenazando, a los países sobre mundo libre, democracia y todas esas monsergas mientras China se limita a construir aeropuertos, puertos y carreteras.
Por eso en estos momentos a EEUU sólo le queda el único recurso del que dispone en estos momentos para impedir ser desbancado como gran superpotencia: agitar las tensiones bélicas, como está haciendo ahora mismo en el Mar Meridional de China. Hoy por hoy su poderío militar es superior al chino. Pero eso está también cambiando y vemos cómo China está construyendo de forma acelerada toda una cúpula con la que va a proteger su estrategia de “Un cinturón, una carretera”.
Poder militar
Para que China sea de forma clara una superpotencia sólo le falta un elemento: poder militar. No hay más que mirar el desarrollo histórico de EEUU para darse cuenta de que su posición dominante como país se sustenta en la posición dominante del dólar, y ello ha sido posible por el apoyo, y la intimidación, que ha supuesto su poderío militar y su despliegue de bases por todo el mundo.
El dólar domina la economía mundial en tanto en cuanto continúe su superioridad militar y mantenga las bases militares estadounidenses que lo sustentan a lo largo de la Tierra. Mientras existió la URSS tuvo un cierto contrapoder que ahora no existe y por eso inició guerras (Yugoslavia, Afganistán), invasiones (Irak) y promovió derrocamiento de gobiernos (Libia) con un único fin: mantener el papel del dólar. Esto es difícilmente cuestionable en lo referente a Irak y Libia, dos países que habían mostrado su voluntad de deshacerse del dólar como moneda de cambio en las transacciones financieras y comerciales.
Para EEUU es vital que el dólar sea hegemónico, por lo que todo lo que socave este principio es una amenaza directa. En defensa de esta hegemonía monetaria EEUU utiliza muchos argumentos, desde las monsergas sobre la defensa del libre comercio hasta las sanciones y la guerra. Pero con China se está quedando sin ellos. Es imposible sancionar a la primera economía del mundo, como ya es reconocido de forma oficial incluso por la CIA (3), es difícil sostener el discurso sobre que China no es una economía de libre comercio –sobre todo después de que China forma parte de la OMC, pese a las reticencias sobre si cumple todos los parámetros- y es muy complicado ir a la guerra aunque no sea una opción que descarten los militaristas del Pentágono.
Por si acaso, el desarrollo chino en este aspecto es más que acelerado: su programa de misiles puede hundir portaaviones enemigos; las bases de EEUU en Japón y otros países cercanos están directamente amenazadas en caso de confrontación bélica; ha comprado los sofisticados sistemas de misiles defensivos rusos S-400 (por encima de ellos sólo están los S-500, de uso exclusivo ruso), así como un nuevo lote de aviones Sujoi-35 y Sujoi-37 que tan buenos resultados están demostrando en Siria; ha presentado su nuevo avión J-20, el más rápido en estos momentos y con el que EEUU pierde su superioridad aérea y ha anunciado que pronto contará con un motor de fabricación china y, lo más importante, está ampliando con una rapidez sorprendente su flota marítima anunciando que para finales de este año ya contará con un segundo portaaviones y que está iniciando la construcción de un tercero, así como submarinos, fragatas, corbetas y otras naves de combate. La meta es tener cinco en funcionamiento para 2020. Aún así aún estará lejos de EEUU en este aspecto, puesto que tiene 11 portaaviones, pero esa hipotética desventaja la suple con la cercanía de los puertos de abastecimiento y con los misiles anti-portaaviones como el “Viento del Este”.
El objetivo en este aspecto es claro y así lo ha refrendado, negro sobre blanco, la Asamblea Nacional Popular en la reunión que acaba de finalizar: sólo con un poder militar “adecuado” se podrá tener la certeza de que la estrategia económica y financiera diseñada cumple sus objetivos. Especialmente, en lo referente al control del comercio marítimo, al cinturón de la “Nueva Ruta de la seda”. Porque, como también se ha dicho, “como consecuencia de los cambios profundos que se están produciendo en el orden mundial, el país está dispuesto a hacer frente a cualquier tipo de situaciones complicadas tanto dentro como fuera de China”. Es la primera vez en la historia milenaria de China en la que se hace mención expresa de actuar más allá de sus fronteras. Es el paso adelante que asegura el cinturón y la carretera y que precede al “gran salto”.
Texto completo en: http://www.lahaine.org/china-el-cinturon-la-carretera
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2016.06.28 05:26 miogato2 AMLO va a ganar?

Me imagino que me van a dar para abajo sin siquiera leer mi post pero si alguien quiere discutir este tema se los agradecería mucho
Normalmente yo me considero panista es una corriente política que hasta hace algunos años me había convencido, pense que era la correcta a seguir, inmediatamente después de que Felipe Calderón salió del poder me empezaron a dar muchos sentimientos encontrados, el pan de hoy casi no me convence, mi problema ahora es que pienso que no puedo tapar el sol con un dedo y estoy viendo que países como Australia como las Filipinas como el Reino Unido y como Estados Unidos están teniendo un levantamiento en Corrientes que hace años no veía en un país, El electorado no está votando con la cabeza están votando con el corazón están dejando que sus sentimientos interfieran en su manera crítica de pensar no que mucha gente posea siempre esta manera de hacer las cosas pero lamentablemente muchas veces es suficiente para inclinar la balanza de un lado o del otro. Que piensas? Estamos en peligro?
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2016.06.04 20:56 ShaunaDorothy Sacudiendo las aguas del Mar de China Meridional El imperialismo estadounidense aprieta el cerco militar en torno a China ¡Por una defensa revolucionaria e internacionalista de China y Vietnam! (Septiembre de 2012)

https://archive.is/QnbZj
Espartaco No. 36 Septiembre de 2012
Concretando un giro militar estratégico del imperialismo estadounidense, el Secretario de la Defensa Leon Panetta anunció el pasado junio en Singapur que para 2020 el 60 por ciento de los buques de guerra estadounidenses, que actualmente están repartidos en los océanos Atlántico y Pacífico, estarán ubicados en la región del Pacífico asiático. El viaje de Panetta al sureste asiático estuvo precedido por otros de la Secretaria de Estado Clinton y el presidente Obama, quien declaró que el giro hacia el Pacífico es una “prioridad principal”.
Pese a que los voceros del gobierno de vez en cuando lo nieguen, el blanco principal del “pivote” estadounidense hacia el Pacífico es China, el país más poderoso que queda donde el dominio capitalista fue derrocado. El propio Pentágono lo ha dejado claro conforme va revelando poco a poco los detalles de su plan de batalla “diseñado para contrarrestar el desafío militar de China” (Financial Times, 31 de mayo). Conocido como “concepto” de combate Aire-Mar —eco de la doctrina de batalla Aire-Tierra de la década de 1970 adoptada en la Guerra Fría contra la Unión Soviética—, el plan busca “consolidar las alianzas estadounidenses y contrarrestar las armas y capacidades ‘antiacceso y de áreas denegadas’”, como la nueva generación de misiles antibuques que ha desarrollado China. Según el documento del Pentágono al que el artículo hace referencia, un ataque serio contra las defensas “antiacceso y de áreas denegadas” de China significaría “prepararse para un gran ataque preventivo sobre las bases militares de la China continental”.
Durante los últimos dos años, Washington ha tomado una serie de medidas concertadas con el fin de extender e intensificar la presión sobre China, desde retomar el envío de ayuda a las fuerzas especiales del indonesio Kopassus y normalizar relaciones con Myanmar (Birmania) hasta destacar infantes de marina a Darwin, Australia, y emprender operaciones conjuntas con otros estados clientes de Estados Unidos. Informando sobre una cumbre celebrada entre Japón y otros países insulares del Pacífico, a la que asistió una delegación estadounidense, el Yomiuri Shimbun (29 de mayo) escribió que la región “se ubica en el centro de una lucha de poder en la que participan Japón, Estados Unidos y Australia por un lado y China por el otro”.
Mientras aprietan el cerco en torno a China, Estados Unidos y sus aliados han llevado a cabo una serie de actos flagrantemente beligerantes. A mediados de abril, la India puso a prueba con éxito un misil balístico de largo alcance capaz de transportar ojivas nucleares y de permitirle “una cobertura completa de los blancos de China” (New York Times, 19 de abril). La hazaña fue muy aplaudida en los medios capitalistas de Estados Unidos, que lanzan interminables mentiras e hipocresía para condenar las pruebas nucleares de cualquier régimen que Washington considere maligno (Corea del Norte, Irán). Apenas tres días antes de las pruebas, Estados Unidos y su estado cliente filipino comenzaron ejercicios militares conjuntos en el Mar de China Meridional, mientras barcos pesqueros y de patrullaje marítimo chinos y un buque de guerra filipino se enfrentaban en el Arrecife Scarborough.
Al reducir las ocupaciones de Irak y Afganistán (mientras aumenta los bombardeos con drones y los asesinatos “dirigidos” en Paquistán y Yemen), el gobierno de Obama preparó el “pivote” en dirección al Pacífico asiático. Esto marca un retorno a la estrategia que adoptaron los gobernantes estadounidenses tras la destrucción contrarrevolucionaria del estado obrero degenerado de la Unión Soviética en 1991-92. La caída de la Unión Soviética hizo a un lado lo que hasta entonces había sido el principal blanco militar de los imperialistas y el único contrapeso real a su dominación del mundo, lo que permitió a Estados Unidos retirar fuerzas militares de Europa y desplegarlas en la Cuenca del Pacífico Occidental.
Si bien los ataques terroristas del 11 de septiembre distrajeron la atención estadounidense a Afganistán y otros blancos de la “guerra contra el terrorismo”, esa misma “guerra” espuria sirvió para ampliar y fortalecer el arco militar de los imperialistas en torno a China, cuyos líderes estalinistas endosaron la campaña “antiterrorista”. Estados Unidos estableció bases en Asia Central, mientras la India y Mongolia fueron atraídas hacia una cooperación más estrecha con Washington. Comenzando en 2002, cerca de mil infantes de marina y fuerzas especiales estadounidenses fueron enviados a la isla de Mindanao, al sur de las Filipinas, escenario de una prolongada insurgencia musulmana, donde siguen haciendo rondas hasta la fecha.
La Spartacist League, sección estadounidense de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), asume firmemente la defensa de los estados obreros burocráticamente deformados —China, Corea del Norte, Vietnam, Laos y Cuba— frente a los imperialistas y las fuerzas internas de la contrarrevolución. Así como los obreros deben defender sus sindicatos frente al ataque de sus explotadores aun cuando el apoyo al orden capitalista por parte de la dirección sindical obstruya la lucha obrera, también deben defender las revoluciones sociales desde China hasta Cuba frente a los imperialistas que buscan revivir el decadente sistema de ganancia capitalista al convertir de vuelta a esos países en campos para la más brutal explotación. Exigimos que todas las bases y tropas estadounidenses se retiren de Asia como parte de la lucha por movilizar a la clase obrera de EE.UU. contra sus “propios” gobernantes capitalistas y sus depredadoras aventuras militares, una lucha que sólo puede consumarse a través del derrocamiento revolucionario del orden mundial capitalista-imperialista.
Nuestra defensa militar de los estados obreros contra el enemigo de clase es incondicional, es decir, no depende de las medidas que lleven a cabo los regímenes estalinistas en el gobierno ni de las circunstancias particulares del conflicto. Al mismo tiempo, como organización trotskista, la LCI mantiene su oposición a esos regímenes, que minan a los estados obreros al suprimir políticamente a la clase obrera y al buscar complacer a los imperialistas, que no se detendrán ante nada para asegurar su dominio y sus ganancias.
Los avances militares de China
El acelerado giro del Pentágono hacia el este y el sureste asiáticos fue en gran medida impulsado por los importantes logros en capacidad de defensa que consiguió China durante el último periodo, un suceso afortunado que tuvo lugar principalmente mientras las fuerzas de Estados Unidos se encontraban empantanadas en Irak y Afganistán. Al reforzar su capacidad militar en la región costera frente a Taiwán y expandir su capacidad nuclear, China ha adquirido un mayor grado de protección ante las aventuras imperialistas.
En 1996, Estados Unidos envió dos grupos de portaviones a las aguas alrededor de Taiwán en respuesta a ejercicios militares chinos, coincidiendo con las campañas para la elección presidencial en Taiwán. Esa provocación por parte del gobierno de Clinton, el mayor despliegue naval estadounidense en el Pacífico desde la Guerra de Vietnam, recuerda la “diplomacia de cañonero” que durante el siglo XIX se usó para dividir y conquistar China. Ello también condujo a Beijing a aumentar el gasto militar, lo que siguió haciendo durante su boom económico de la última década.
Actualmente China posee o está desarrollando rápidamente proyectiles balísticos terrestres y misiles crucero, jets con misiles antibuques, submarinos convencionales y nucleares, radares de largo alcance, satélites espía y armas espaciales. Los analistas estadounidenses describen este arsenal como un potencial “factor que alteraría el resultado” y que “podría obligar a la marina estadounidense a retirar de las costas chinas sus portaviones y otras unidades de combate de superficie” (Aaron L. Friedberg, A Contest for Supremacy: China, America and the Struggle for Mastery in Asia [La contienda por la supremacía: China, Estados Unidos y la lucha por el dominio en Asia, 2011]). Los imperialistas de EE.UU. están decididos a contrarrestar este desarrollo como parte de su esfuerzo por conservar su posición como la fuerza militar abrumadoramente dominante del mundo.
Nuestra defensa militar de los estados obreros implica que apoyamos el que desarrollen armas nucleares y sistemas de entrega. Tras poner a prueba con éxito su bomba nuclear en 1964, China originalmente tenía misiles balísticos de combustible líquido que podían ser destruidos por ataques preventivos. Pero en años recientes ha desarrollado misiles balísticos intercontinentales de combustible sólido, capaces de atacar el territorio continental de Estados Unidos. Algunos de ellos no están en silos fijos, sino que son móviles, lo que los hace casi imposibles de eliminar. Se dice que China está por desplegar proyectiles que se lanzan de submarinos y que también podrían alcanzar territorio estadounidense. Así, la República Popular ha logrado establecer un elemento de disuasión crucial contra un ataque de Estados Unidos, el único poder estatal que ha usado una bomba atómica, incinerando a 200 mil civiles en Japón en 1945. El presidente Harry Truman y otros funcionarios estadounidenses consideraron usar contra China esa arma de destrucción masiva en su intento fallido de “hacer retroceder el comunismo” durante la Guerra de Corea, pero la posesión de armas nucleares de la URSS los disuadió. Para los años setenta, la Unión Soviética ya había alcanzado cierta paridad nuclear con los Estados Unidos, lo que no es ni remotamente el caso de la China actual.
Acomodación estalinista al imperialismo
Por impresionantes y necesarios que sean, los avances militares y económicos de China no pueden garantizar en última instancia la supervivencia del estado obrero en un mundo dominado por potencias imperialistas decididas a destruirlo. La Revolución de 1949 derrocó el dominio capitalista y liberó a los obreros y campesinos chinos de la subyugación imperialista y de la tiranía de la burguesía china. La colectivización de la economía sentó las bases de un tremendo salto en las condiciones de vida de las masas respecto a lo miserable de su existencia anterior y creó una base industrial significativa (originalmente con ayuda sustancial de la Unión Soviética), fundamento necesario para la defensa militar de la revolución.
Sin embargo, a diferencia de la Revolución de Octubre rusa de 1917, que creó un estado obrero basado en soviets (consejos) de obreros, campesinos y soldados, la Revolución de 1949 fue producto de una guerra de guerrillas basada en el campesinado y dirigida por el Partido Comunista Chino (PCCh) de Mao Zedong, que resultó en un estado obrero burocráticamente deformado desde su origen. El marco político del PCCh es el dogma profundamente antimarxista del “socialismo en un solo país” que Stalin proclamó a finales de 1924 como la consigna de la burocracia que le había usurpado el poder político al proletariado soviético. Revirtiendo el programa y los principios internacionalistas que guiaban a los bolcheviques bajo V.I. Lenin y León Trotsky, la burocracia estalinista renunció a la lucha por la revolución socialista mundial, para emprender en cambio la búsqueda utópica de la coexistencia pacífica con el imperialismo.
Abarcando una sexta parte de la superficie del planeta y con una abundante riqueza en minerales, la Unión Soviética avanzó años luz con respecto a la vieja sociedad de los zares, profundamente atrasada y empobrecida, hasta convertirse en una potencia industrial y militar superada sólo por Estados Unidos. Sin embargo, por sí misma no pudo superar el nivel económico de los países capitalistas avanzados y mucho menos alcanzar el socialismo: una sociedad de abundancia material basada en la colectivización y el desarrollo cualitativo de las avanzadas fuerzas productivas que hoy se concentran en los países imperialistas.
En La revolución traicionada (1936), su análisis clásico de la degeneración de la Unión Soviética bajo Stalin, Trotsky señaló tanto las ventajas de una economía planificada y colectivizada en la movilización de la industria para la defensa militar como las limitaciones que impone el aislamiento del estado obrero:
“Los éxitos económicos de la URSS le permiten afirmarse, progresar, armarse y, si esto es necesario, batirse en retirada, esperar y resistir. Pero en sí misma, la pregunta ¿quién triunfará?, no solamente en el sentido militar de la palabra, sino ante todo, en el sentido económico, se le plantea a la URSS a escala mundial. La intervención armada es peligrosa. La introducción de mercancías a bajo precio, viniendo tras los ejércitos capitalistas, sería infinitamente más peligrosa”.
La conclusión política de Trotsky era la necesidad de una defensa militar incondicional de la Unión Soviética y de una revolución política proletaria, que derrocara a la burocracia privilegiada y parasitaria y restaurara la democracia obrera y el internacionalismo proletario, planteando tajantemente la siguiente disyuntiva: “¿Devorará el burócrata al estado obrero, o la clase obrera lo limpiará de burócratas?” Esta pregunta se plantea hoy con la misma urgencia para China y los demás estados obreros deformados que quedan.
Incluso durante su mayor auge, la producción total de la Unión Soviética nunca pasó de ser un tercio de la estadounidense. Finalmente, tras décadas de presión imperialista y mal gobierno burocrático, el estado obrero soviético sucumbió a la contrarrevolución capitalista en 1991-92. Ésa fue una derrota histórica para los trabajadores del mundo, que infundió nueva vida al decadente sistema capitalista y dejó al imperialismo estadounidense como el incuestionable gigante militar del mundo. Hoy, China sigue muy por debajo del nivel económico que alcanzó la antigua Unión Soviética, llevando en particular el lastre de su enorme provincia rural.
Buscando su propia variante de “socialismo en un solo país”, los estalinistas de Beijing creen poder evitar la suerte de sus contrapartes de Moscú en parte si impulsan una mayor integración a la economía mundial, desarrollándose continuamente en lo militar y lo económico, mientras mantienen un control político férreo sobre la combativa clase obrera. Durante los primeros cinco años de la crisis capitalista mundial, China experimentó un crecimiento masivo, debido principalmente a la industria y los bancos estatales. Pero, a largo plazo, el “socialismo con características chinas” del régimen actual no logrará superar la herencia histórica del atraso chino, ni resolverá el problema de la escasez, como tampoco lo hizo la autarquía “igualitaria” de Mao Zedong.
La estrategia del PCCh se basa en ilusiones respecto a las relaciones pacíficas con los imperialistas y la estabilidad del mercado mundial: una fantasía que el propio funcionamiento de ese mercado refuta, por no hablar de la actual recesión profunda. Beijing cree que su enorme inversión en bonos del tesoro estadounidense contendrá la beligerancia de Estados Unidos; pero al convertirse en el principal prestamista de ese país, el gobierno chino contribuye directamente al astronómico gasto militar de Washington, que supera al de los siguientes catorce países con mayor gasto juntos. Las principales fuerzas de esa máquina militar están apuntadas hoy contra China.
Junto con el cerco militar de China y el fomento de fuerzas contrarrevolucionarias internas, los imperialistas están aumentando la presión económica, desde el proteccionismo antichino que impulsan tanto los políticos demócratas y republicanos como la dirigencia sindical, hasta los pactos comerciales con aliados estadounidenses de la región Asia-Pacífico. Mientras Beijing intenta disipar la hostilidad con sus vecinos fortaleciendo sus lazos económicos, Estados Unidos está impulsando el tratado comercial del Acuerdo de Asociación Transpacífico con Australia, Vietnam y otros seis países, que siguió al recientemente firmado Tratado de Libre Comercio con Corea del Sur. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas plenas de Estados Unidos con Myanmar también es una cuña dirigida contra China, que tiene proyectos hidroeléctricos y de ductos en ese país.
¿Qué está en juego en el Mar de China Meridional?
En el documento que anuncia el giro de Estados Unidos a la región del Pacífico asiático, Hillary Clinton declaró el compromiso de los imperialistas de “asegurar la transparencia en la actividad militar de los principales actores de la zona” (léase China), contrarrestar los supuestos “esfuerzos de proliferación” de Corea del Norte y “defender la libertad de navegación por el Mar de China Meridional” (“America’s Pacific Century” [El siglo del Pacífico estadounidense], Foreign Policy, noviembre de 2011). Clinton detalla los pasos que Estados Unidos ha dado para reforzar sus alianzas en la región, incluyendo con Filipinas, donde los buques de guerra estadounidenses aumentarán sus “visitas” en el próximo periodo. En respuesta a las maquinaciones estadounidenses, el general Ma Xiaotian, jefe adjunto del estado mayor del Ejército de Liberación Popular (ELP) chino, advirtió tajantemente: “La cuestión de China Meridional no es asunto de Estados Unidos”.
Oficialmente, Estados Unidos niega cualquier intención de entablar una guerra por disputas territoriales en el Mar de China Meridional, afirmando que todos los interesados deben acatar las leyes internacionales. Estados Unidos, cabe señalar, nunca se ha molestado en firmar el tratado internacional respecto a disputas marítimas, suponiendo que su abrumador poderío militar y sus alianzas regionales están por encima de semejantes formalidades.
El Mar de China Meridional es un paso marítimo de importancia estratégica por el que circula la mitad del tonelaje de tráfico mercante mundial, incluyendo el 80 por ciento de las importaciones de crudo tanto de China como de Japón. Ya sea enteramente o en parte, la propiedad de los arrecifes y bancos de arena del Mar de China Meridional está en disputa entre los estados obreros de China y Vietnam y los capitalistas Malasia, Brunei, Filipinas y Taiwán. Actualmente China controla las Paracels, que están cerca de la franja costera del sureste, y buena parte de las más distantes Spratlys. El Mar de China Meridional siempre ha ofrecido una zona rica para la pesca, que actualmente provee el diez por ciento de la pesca mundial anual. También se cree que sus aguas esconden grandes yacimientos inexplorados de petróleo y gas natural. China calcula que la cantidad de petróleo llega a un 80 por ciento de las reservas demostradas de Arabia Saudita.
El Mar de China Meridional se conecta con el Océano Índico mediante el Estrecho de Malaca, que pasa entre Indonesia y Malasia y que sería un potencial cuello de botella para las importaciones chinas de petróleo y hierro. Dejando ver las intenciones imperialistas de dominar este crucial pasaje, en su artículo de Foreign Policy, Hillary Clinton alabó la expansión de la alianza de Estados Unidos con Australia “de una asociación del Pacífico a una Indo-Pacífica”.
En cualquier conflicto militar entre China o Vietnam y Estados Unidos, Filipinas o cualquier otro país capitalista, el deber del proletariado internacionalmente es asumir la defensa de los estados obreros. El grueso de la izquierda estadounidense —desde la International Socialist Organization [Organización Socialista Internacional] y los diversos remanentes maoístas hasta el ultraestalinista Progressive Labor Party [Partido Laboral Progresista]— declara a China capitalista o incluso imperialista, o irremediablemente en vías de serlo. Estos grupos guardan silencio respecto a las maquinaciones estadounidenses o bien, como en el caso del estrafalario Socialist Workers Party [Partido Obrero Socialista] de Jack Barnes, hacen eco de los propagandistas burgueses describiendo el conflicto como si tuviera lugar entre “potencias rivales” que se ven sacudidas por la “cada vez más profunda crisis del capitalismo mundial” (Militant, 30 de abril).
Por su parte, el Workers World Party (WWP, Partido Mundo Obrero) protesta contra la creciente beligerancia estadounidense, señalando con razón que “Washington y Wall Street no estarán satisfechos hasta haber recolonizado completamente China” (“U.S. Remains Hostile to China” [EE.UU. sigue siendo hostil a China], Workers World, 31 de mayo). Pero su defensa de China parte de su apoyo a un sector de la burocracia estalinista (representada, según el WWP, por el depuesto líder partidista de Chongking, Bo Xilai) supuestamente comprometida con la defensa de la propiedad estatal contra quienes quieren hacerle más concesiones al capital internacional. Esta posición llevó al WWP a apoyar la sangrienta represión del levantamiento de la Plaza Tiananmen en 1989, una revolución política incipiente.
Lo que Trotsky observó en La revolución traicionada respecto al régimen de Stalin es igualmente certero respecto al actual PCCh: la burocracia privilegiada y parasitaria “no proporciona ninguna garantía moral en la orientación socialista de su política. Continúa defendiendo la propiedad nacionalizada por miedo al proletariado”. La burocracia china ciertamente tiene muchas razones para temerle a la clase obrera, tanto de las empresas privadas como de las estatales, como se ha visto en las repetidas olas de huelgas y protestas a gran escala que los obreros han realizado en defensa de sus medios de subsistencia, para no hablar del descontento de los campesinos enfurecidos por la corrupción oficial.
Oponerse a las maniobras imperialistas en el este y el sureste asiáticos es fundamental para una perspectiva revolucionaria. Los altercados nacionalistas por la propiedad de las rocas e islotes deshabitados del Mar de China Meridional son algo totalmente distinto. Como marxistas revolucionarios, no tomamos lado en esas disputas territoriales y condenamos en particular las criminales riñas respecto a los derechos de exploración y pesca que han hecho que se enfrenten los regímenes estalinistas de Beijing y Hanoi. Estas riñas han llevado ya a choques militares francos en 1988 y 2011, así como a acciones policiacas menores, como la del Golfo de Tonkín de 2005, cuando la marina del ELP mató a tiros a nueve pescadores vietnamitas. Bajo un gobierno de consejos obreros y campesinos, China y Vietnam cooperarían para desarrollar los recursos naturales del área defendiéndose mutuamente del imperialismo.
Defender a China frente al imperialismo incluye oponerse a la ayuda militar que Estados Unidos le da a Taiwán, donde gobierna la clase burguesa que huyó de la Revolución de 1949. El 18 de mayo, el congreso estadounidense aprobó la venta de 66 aviones de combate F-16 a Taiwán. Apenas unas horas después, el Departamento de Defensa rindió ante el congreso su informe anual sobre China, donde señalaba que “el ELP sigue desarrollando la capacidad” para disuadir a Taiwán de declarar su independencia, negarle a Estados Unidos una intervención efectiva en la crisis del Estrecho de Taiwán y derrotar a las fuerzas taiwanesas en caso de un conflicto militar. Desde 1950, cuando, con el estallido de la Guerra de Corea, Estados Unidos mandó a su VII Flota a las aguas que separan Taiwán de la China continental, Washington ha considerado a la isla su “portaviones inhundible”, es decir, como un puñal apuntando al corazón de la China continental.
El imperialismo japonés también ha comprometido sus fuerzas para apoyar al Taiwán capitalista en un conflicto militar con China. Después de que Estados Unidos y Japón emitieran en febrero de 2005 una declaración que afirmaba que Taiwán era “una preocupación de seguridad mutua”, las secciones estadounidense y japonesa de la LCI escribimos en una declaración conjunta: “Desde la antigüedad Taiwán ha sido parte de China, y los trotskistas estaremos del lado de China en caso de cualquier conflicto con el imperialismo respecto a Taiwán” (WV No. 844, 18 de marzo de 2005). Al oponernos a la política del PCCh de “un país, dos sistemas” de reunificarse con Taiwán manteniendo ahí la propiedad capitalista, llamamos a la reunificación revolucionaria de China mediante una revolución política contra el régimen estalinista en el continente, una revolución socialista en Taiwán que derroque a la burguesía y la expropiación de los capitalistas de Hong Kong.
China, al igual que Corea del Norte, está directamente amenazada por la alianza militar reforzada de Estados Unidos y Japón. Japón, por ejemplo, ha sido clave para permitir a Estados Unidos instalar un sistema de defensa contra misiles que amenaza a los dos estados obreros. La SL/U.S. y el Grupo Espartaquista de Japón llaman a aplastar la alianza contrarrevolucionaria de Estados Unidos y Japón mediante la revolución obrera en ambos lados del Pacífico.
Frenesí antichino en Filipinas
La más álgida de las disputas recientes del Mar de China Meridional comenzó en abril, cuando Filipinas envió una fragata (proporcionada por Estados Unidos) para abordar barcos pesqueros chinos, que supuestamente llevaban corales “ilegalmente cosechados”. Entonces China envió a la zona dos naves de vigilancia marítima. Durante el auge mismo de la tensión, a finales de abril, Estados Unidos y Filipinas llevaron a cabo unos ejercicios militares previamente planeados, que incluían aproximadamente a 4 mil 500 infantes de marina, cerca de las Islas Palawán y del Arrecife Scarborough. Tanto China como Filipinas empezaron a retirar sus embarcaciones al comenzar la temporada de tifones.
El gobierno de Benigno Aquino en Manila ha intentado lanzar una cruzada nacionalista antichina respecto al Arrecife Scarborough —que en Filipinas llaman Panatag y en China Huangyan— y ha utilizado el incidente para obtener más ayuda de sus patrones en Washington. Filipinas ha llamado a Vietnam y otros países miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) a hacer a un lado sus disputas respecto al Mar de China Meridional y unirse contra China. Bajo la predecesora de Aquino, Gloria Arroyo, Filipinas abandonó un acuerdo para emprender un proyecto de desarrollo conjunto con China y Vietnam cuando las noticias del pacto detonaron un escándalo nacionalista antichino.
El pasado noviembre, Hillary Clinton se comprometió a que Estados Unidos reforzaría la capacidad naval de Filipinas sobre la base del Tratado de Defensa Mutua firmado en 1951, dos años después del derrocamiento del capitalismo en China. Japón, que envió tres buques de guerra a Filipinas en una “visita de buena voluntad” en mayo, aceptó entrenar y equipar a la guardia costera filipina, mientras Corea del Sur le ayudará a modernizar su ejército. En abril, el gobierno de Obama aprobó triplicar las ventas militares a Filipinas con respecto al año anterior. Esto es un peligro inminente para los obreros, campesinos y musulmanes moros que han sufrido una represión brutal a manos de las fuerzas armadas filipinas.
En una visita en junio a la Casa Blanca, Aquino hizo una petición directa por mayor presencia militar estadounidense en su antigua colonia para contrarrestar las “intenciones” de China, y obtuvo el compromiso de Estados Unidos de ayudarle a construir instalaciones especiales y a entrenar personal para monitorear los movimientos marítimos en el Mar de China Meridional. Además de nuevas maniobras conjuntas, Manila ya dio el visto bueno a que Estados Unidos vuelva a usar las gigantescas bases aéreas y navales de Clark y la Bahía de Súbic, que habían sido clausuradas a principios de los años 90.
Diversas organizaciones “socialistas” han ayudado a la campaña antichina espoleando la histeria nacionalista en torno al Arrecife Scarborough. La poca asistencia a las manifestaciones en Manila demostró que las masas no están tragándose el intento de Aquino de desviar la atención de su insoportable miseria social y económica a una cruzada contra China. Pero no ha sido por falta de esfuerzo del socialdemócrata AKBAYAN. Contando entre sus líderes al principal asesor político de Aquino y a otros funcionarios de gobierno, AKBAYAN organizó el 11 de marzo una marcha al consulado chino como parte del “día de acción global contra la intimidación china en el Mar Occidental de Filipinas”. El año pasado, Walden Bello, un académico consentido de la izquierda reformista internacional, se unió a otro legislador de AKBAYAN para proponer que el territorio marítimo en disputa fuera rebautizado Mar Occidental de Filipinas, el nombre que ahora usan los voceros del gobierno.
En cuanto al Partido Comunista de Filipinas (PCF), su declaración del 21 de abril exige que Estados Unidos detenga su “intervencionismo en Filipinas y el Pacífico asiático”, demandando al mismo tiempo que la “capitalista” China “se haga a un lado” y retire sus buques patrulla, afirmando la “soberanía nacional y la integridad territorial” de Filipinas sobre las áreas en disputa. Detrás de las pretensiones combativas del maoísta PCF hay un programa de colaboración de clases que ata la suerte de los profundamente empobrecidos obreros y campesinos a la de una inexistente ala “progresista” de la burguesía nacional. Así, lo que impulsa la guerra de guerrillas rural del PCF es la esperanza de que las negociaciones de paz lleven a un gobierno burgués de coalición que supuestamente extenderá la democracia y llevará a cabo la reforma agraria y la industrialización.
Bajo cualquier forma de dominio capitalista, Filipinas seguirá siendo una sociedad profundamente empobrecida bajo la bota de los imperialistas y el puño opresivo de la Iglesia Católica. La clase obrera filipina debe ser arrancada de la colaboración de clases nacionalista y conquistada a la perspectiva trotskista de la revolución permanente: la toma del poder por el proletariado a la cabeza de todos los pobres de la ciudad y el campo y la extensión internacional de la revolución socialista, incluyendo de manera crucial a los centros imperialistas.
Traiciones estalinistas chinas y vietnamitas
Algo particularmente peligroso para el proletariado mundial es el intento por parte del imperialismo estadounidense de aprovechar las disputas en el Mar de China Meridional para asegurarse el apoyo de Vietnam contra China. Estados Unidos sufrió una resonante derrota a manos de los obreros y campesinos vietnamitas, simbolizada por la aterrorizada huida en helicóptero de los agentes estadounidenses y sus títeres locales de Saigón en abril de 1975. Con la derrota militar de Estados Unidos y sus secuaces capitalistas asesinos de Vietnam del Sur, el país se reunificó como un estado obrero burocráticamente deformado, una victoria de los obreros del mundo. 20 años después, Estados Unidos normalizó sus relaciones con Vietnam. Y, conforme Hanoi impulsaba su propio programa de “reformas de mercado”, Estados Unidos empezó a estrechar lazos militares con Vietnam, marcados por las repetidas visitas de buques de guerra estadounidenses. El régimen vietnamita recientemente ha declarado su intención de permitirle a los navíos estadounidenses y de otros países el acceso a la Bahía de Cam Ranh, un fondeadero de aguas profundas para las rutas marítimas del Mar de China Meridional que fue una de las principales bases de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam.
Hace dos años, Vietnam usó su presidencia del consorcio ASEAN, que no incluye a China, para poner en el orden del día el tema del Mar de China Meridional, lo que llevó a la declaración de Hillary Clinton de julio de 2010 en el Foro Regional de la ASEAN de que la libertad de navegación en el área es de “interés nacional” para Estados Unidos. Meses después, un diplomático vietnamita dijo al Grupo Internacional de Crisis, un organismo imperialista consultivo, que antes de la declaración de Clinton los chinos no tomaban a Vietnam muy en serio, pero “ahora nos escuchan”.
A finales de junio, el gobierno vietnamita declaró su soberanía y jurisdicción sobre las islas Paracels y Spratlys, lo que llevó a China a responder elevando el estatus administrativo que le concede a esas islas. Con Vietnam patrullando por aire las Spratlys, China recién ha enviado al área patrullas “listas para el combate”. La insistencia de Beijing de que China tiene derecho a poseer esas islas y casi todo el Mar de China Meridional se basa en alegatos que se remontan al siglo XV, si no es que antes. En el Atlantic (junio de 2012), el analista militar estadounidense Robert Kaplan reporta que un funcionario vietnamita respondió a esos alegatos afirmando que, cuando China ocupó Vietnam hace seis siglos, no ocupó las Paracels ni las Spratlys. “Si ese grupo de islas pertenecía a China —preguntó el funcionario—, ¿por qué los emperadores Ming no lo incluían en sus mapas?”
El nacionalismo grotesco y retrógrada de ambos regímenes estalinistas no puede sino minar la defensa de las conquistas sociales de las revoluciones que derrocaron el dominio capitalista. De hecho, cuando en el verano de 2011 el gobierno vietnamita impulsaba protestas semanales antichinas en Hanoi, los emigrados anticomunistas vietnamitas en Seattle, París y otras ciudades se unieron a la campaña organizando sus propias manifestaciones. Hanoi puso fin a las protestas en agosto, temiendo que éstas obstaculizaran sus intentos de negociación con Beijing.
La antipatía nacionalista vietnamita con respecto a China, rasgo central de la conciencia popular basada en siglos de opresión a manos de los gobernantes dinásticos chinos, se ha visto reforzada por las repetidas traiciones de los estalinistas del PCCh a los obreros y campesinos vietnamitas, producto de la alianza antisoviética que entabló Mao con Estados Unidos. A finales de los años 50 y durante los 60, el antagonismo de los regímenes estalinistas de Moscú y Beijing —marcado, por ejemplo, por la negativa del Kremlin a ayudar a China en su guerra fronteriza de 1959 con la India— se convirtió en una escisión hecha y derecha. En poco tiempo, Mao ya estaba proclamando que el “socialimperialismo soviético” era un peligro aun mayor que el imperialismo estadounidense, encajando bien con la meta estratégica estadounidense de destruir al estado obrero degenerado soviético. La frontera sino-soviética llegó a ser una de las más militarizadas del mundo.
Mientras la mayor parte de la Nueva Izquierda se entusiasmaba con la catastrófica “Revolución Cultural” de Mao, la Spartacist League advirtió previsoramente que la línea antisoviética de la burocracia del PCCh significaba que “no puede descartarse el peligro de una alianza imperialista con China contra los rusos” (“Chinese Menshevism” [Menchevismo chino], Spartacist [Edición en inglés] No. 15-16, abril-mayo de 1970). El artículo concluía:
“El trotskismo...es hoy la única tendencia que defiende la unidad comunista contra el imperialismo. Las camarillas que dirigen la Unión Soviética y China, cada una comprometida con la política estalinista básica del ‘socialismo en un solo país’ (el propio), deben ser derrocadas por la revolución política y sus medidas contrarrevolucionarias deben ser remplazadas por un compromiso firme con el internacionalismo revolucionario y proletario”.
La alianza quedó sellada en 1972 con la visita de Richard Nixon a China, donde se reunió con Mao mientras las bombas estadounidenses llovían sobre los heroicos vietnamitas. En 1979, apenas cuatro años después de la victoria de la Revolución Vietnamita, China invadió Vietnam y sufrió una contundente derrota a manos de sus combatientes fogueados en la batalla. El cobarde ataque de China, en el que actuó como peón de los derrotados imperialistas estadounidenses, vino como secuela de la visita del líder chino Deng Xiaoping a Estados Unidos, parte de su campaña para atraer a China inversión capitalista extranjera. Su régimen procedió a darle apoyo material a los reaccionarios degolladores muyajedín que combatían a las fuerzas del Ejército Soviético en Afganistán, una de las muchas formas en que el PCCh contribuyó, desde tiempos de Mao, a la caída del estado obrero soviético. Ahora se ha cerrado el ciclo de traiciones estalinistas con el reacercamiento de Vietnam al imperialismo estadounidense, que hoy, como antes, es el principal enemigo de los trabajadores del planeta.
¡Reforjar la IV Internacional!
La LCI, que luchó hasta el final por la defensa de la Unión Soviética ante la contrarrevolución capitalista, es la única en sostener el programa trotskista de defensa de los estados obreros deformados que quedan, como parte de nuestra lucha por nuevas revoluciones de Octubre. Como Trotsky dejó en claro en “La URSS en guerra” (septiembre de 1939), para la IV Internacional, que se había fundado un año antes, la cuestión de derrocar a la burocracia soviética “está subordinada a la cuestión de preservar la propiedad estatal de los medios de producción en la URSS” y la preservación de esa propiedad estatal “está subordinada para nosotros a la cuestión de la revolución proletaria mundial”.
La destrucción de la Unión Soviética hizo retroceder la conciencia proletaria, si bien de manera desigual, en todo el mundo, lo que resultó en un nivel históricamente bajo de identificación con el comunismo como programa para liberar a la humanidad de las carencias, la opresión y la guerra. Sin embargo, el funcionamiento mismo del sistema capitalista siembra las semillas de la lucha social y de clase, que ya se anuncia en las luchas de los obreros de Grecia y otras partes contra los dictados de austeridad de los banqueros y sus gobiernos.
Lo que hay que hacer es forjar partidos proletarios de vanguardia como secciones de una IV Internacional reforjada, partido mundial de la revolución socialista. Como sección estadounidense de la LCI, la Spartacist League tiene la misión de construir un partido obrero revolucionario en las entrañas del monstruo imperialista. Cuando los obreros se apoderen de la riqueza industrial que hoy se le exprime a la clase obrera para la ganancia de los patrones, comenzaremos a construir una economía socialista planificada a escala mundial. Entonces, algunos crímenes históricos podrán enmendarse y algunas deudas podrán cobrarse finalmente ―como las decenas de miles de millones de dólares que Estados Unidos le debe a los vietnamitas y a los demás países que han sido dañados por los tanques y bombas estadounidenses―, y la maquinaria de guerra que los imperialistas usan para defender sus ganancias mediante la sangre y el terror será destruida de una vez y para siempre.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/36/china.html
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2016.06.04 04:20 ShaunaDorothy El capitalismo en crisis: Karl Marx tenía razón ¡Necesitamos una nueva clase dominante: la clase obrera! (Otoño de 2011)

https://archive.is/a0p5G
Espartaco No. 34 Otoño de 2011
Desde septiembre pasado, un grupo de manifestantes llamado “Ocupa Wall Street” (OWS) sostenía un campamento en el parque Zuccotti del Bajo Manhattan en Nueva York. Esta protesta ha despertado simpatía internacionalmente ante los estragos de la profunda crisis económica mundial, y se han dado concentraciones similares en otras ciudades a lo largo y ancho de EE.UU. y en otros países. La madrugada del lunes 14 de noviembre, la policía desalojó el campamento en Oakland y al día siguiente en Nueva York, arrestando a más de 200 manifestantes, a los que se sumaron otros tantos en represalia a una protesta masiva en Nueva York el jueves 17 de noviembre. ¡Libertad inmediata, abajo todos los cargos contra los manifestantes desde Oakland hasta Nueva York!
OWS es un conglomerado amorfo cuyos integrantes van desde jóvenes estudiantes y trabajadores desempleados hasta viejos activistas liberales, quienes están descontentos con los estragos de la actual crisis económica capitalista. El programa que sostiene OWS está contrapuesto al marxismo y se reduce a la reforma liberal/populista del capitalismo. Siguiendo al populismo burgués, OWS utiliza la consigna “somos el 99 por ciento” con lo cual vende la falsa idea de que el total de la población tiene intereses comunes oscureciendo con ello el hecho de que la clase obrera no comparte intereses con sus amos capitalistas ni es un integrante más del “pueblo”. Muy por el contrario, el proletariado es la única clase social con el poder social y el interés histórico para derrocar el capitalismo.
La política dominante en OWS es el apoyo al Partido Demócrata y la reforma del estado burgués para que defienda a los débiles frente a los “barones de Wall Street”, lo cual se refleja en sus exhortaciones a imponer “impuestos para los ricos” y mayor regulación financiera, todo ello empujado a través de apelaciones al patriotismo y a los “valores democráticos”. ¡Los organizadores de OWS incluso invitan a los policías a sumarse a su movimiento! Como los oradores espartaquistas han explicado en las asambleas generales de OWS, los policías no son trabajadores sino el brazo armado de la burguesía.
Es necesario que el proletariado rompa con todos los partidos burgueses (el Demócrata de Obama, el Republicano y el Verde, cuyo único objetivo es sostener el sistema capitalista de explotación y opresión) y deseche toda ilusión en la democracia burguesa que no es más que una fachada para la dictadura de la burguesía. Para hacer esta perspectiva realidad es necesario construir un partido obrero revolucionario e internacionalista, que luche contra el patriotismo, prominentemente exaltado por OWS, que sólo sirve para atar a la poderosa clase obrera multirracial estadounidense a sus amos burgueses y justificar las guerras de rapiña de éstos desde Libia hasta Afganistán.
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard, periódico de nuestros camaradas de la SL/U.S., No. 985, 2 de septiembre de 2011.
En 2007-2008, el mundo se vio arrastrado a una crisis económica sin precedentes desde los tiempos de la Gran Depresión. A los estafadores de Wall Street, cuyos timos financieros contribuyeron decisivamente a este colapso, se les rescató con billones de dólares. La clase obrera, los negros, los latinos, los pobres, los enfermos y los ancianos tuvieron que pagar el precio, perdiendo sus empleos, sus hogares, sus pensiones y prácticamente todo lo que hacía sus vidas remotamente tolerables. Hoy, en Estados Unidos, una de cada seis personas está desempleada, y lo ha estado durante un periodo que promedia casi los diez meses. 45 millones de personas viven de vales de alimentos, lo que representa un aumento del 34 por ciento en los últimos dos años. Quienes aún tienen empleo se ven forzados a trabajar más duro y por menores salarios. En los racistas EE.UU., todo es peor para los negros y los latinos, que estuvieron entre las principales víctimas de las estafas de las hipotecas de alto riesgo llevadas a cabo por los bancos. Un tercio de los hogares negros y latinos carecen de ingreso neto, y muchos están ahogados en deudas. Mientras tanto, los autores capitalistas de esta ruina han escapado cual bandidos.
Durante la “recuperación sin empleos y sin salarios” de los últimos dos años, las ganancias corporativas han roto todos los récords históricos. Esto ocurre con el trasfondo del enorme enriquecimiento del uno por ciento más rico de la población, cuya porción del ingreso nacional es más del doble de lo que fue hace tres décadas. Los esquemas gubernamentales de “seguridad social para los ricos” han fomentado la especulación financiera, produciendo una alza artificial en el precio de las acciones, mientras la capacidad productiva de Estados Unidos, ya de por sí precaria, termina de desplomarse. Como la economía estadounidense se basa abrumadoramente en el gasto del consumidor, y como la gran mayoría no tiene dinero que gastar, todo el castillo de cartas se está viniendo abajo conforme la economía se precipita nuevamente en la espiral de una recesión doble.
Ya hace más de un mes que la bolsa de valores está en una montaña rusa de compras y ventas motivadas por el pánico. Entre los detonadores de este pánico estaba la preocupación de que el presidente demócrata de Estados Unidos, Barack Obama, hubiera perdido el “timón del estado” imperialista, para dejarlo en manos de una banda de locos desaforados del Tea Party republicano. Los liberales demócratas y otros se indignan de que los republicanos tengan a Estados Unidos de “rehén” al negarse a elevar el techo de la deuda a menos que obtengan recortes presupuestales de billones y ningún aumento en los impuestos a los ricos. Pero fue el propio presidente demócrata el que fabricó el mito de que “la única superpotencia mundial” estaba a punto de declararse incapaz de pagar su deuda como un empobrecido país del Tercer Mundo. Incluso si no tuvieran dinero —y vaya que sí tienen—, siempre “se puede imprimir papel moneda”, como dijo el expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan.
Lo que Obama quiere lograr con esta farsa no es muy distinto de lo que buscan los republicanos, como lo demuestra el que haya presionado por una “gran oferta” de austeridad masiva que arrancaría más de cuatro billones de dólares a los llamados programas de “ayuda social” como Medicare, Medicaid y la seguridad social durante toda la siguiente década. Su concesión de cerrar unos cuantos huecos fiscales para los ricos terminó siendo todo lo que los demócratas pudieron ofrecer para intentar mantener el fraude de que son “amigos” del ciudadano común. E incluso en eso se dieron por vencidos.
Sin embargo, la imprudencia de los republicanos ha preocupado incluso a Wall Street y al establishment de su propio partido. Como escribió Doug Henwood en su Left Business Observer (21 de agosto): “Wall Street, el Fortune 500, los demócratas de centro-derecha y los republicanos cuerdos...todos los que eran felices permitiendo que los Teabaggers [miembros del Tea Party] impulsaran su agenda de austeridad, ahora quisieran hacerlos a un lado. No sólo están minando el pedigrí de los bonos del Tesoro, también están haciendo que nuestro sistema político se vea tonto ante los ojos del mundo. Pero siempre que se usan agentes odiosos y/o locos, queda lo que la CIA llama el ‘problema de desecharlos’”.
La locura de los “Tea Baggers” del Partido Republicano no es sino una expresión extrema de la depravación de los gobernantes capitalistas estadounidenses, que no tienen otra salida a la crisis —una crisis que ellos provocaron— que aumentar el hambre de los pobres, romper los sindicatos y reducir los salarios. Como sirvientes políticos de esa misma clase capitalista, los demócratas son cada día más incapaces de montar incluso una falsa fachada, “más humana, más amable”, a la inhumanidad del dominio imperialista.
¡Es urgentemente necesario luchar!
Mientras el Congreso se hallaba estancado en torno al “techo de la deuda”, los amos imperialistas de la Unión Europea (UE) estaban reunidos en una sesión de emergencia para idear un nuevo rescate para Grecia, o, mejor dicho, un rescate de las inversiones de los banqueros franceses y alemanes a costa de la clase obrera griega. Luego pareció que podría llegarles el turno a España e Italia conforme el creciente interés de sus bonos gubernamentales les impedía acceder al dinero necesario para mantener a flote sus economías. Cuando los rescates de la UE y el FMI a Grecia, Irlanda y Portugal ya sumaban cientos de miles de millones de dólares, el Banco Central Europeo empezó a gastar decenas de miles de millones más para comprar bonos de España e Italia y así reducir las tasas de interés, mientras los gobiernos de estos dos países anunciaban una austeridad aún más salvaje.
Mientras tanto, Gran Bretaña estaba explotando en furia por el asesinato de un joven negro a manos de la policía. En Londres y otras ciudades, miles tomaron las calles en un levantamiento alimentado por los inhumanos recortes presupuestales y el cierre de puestos de trabajo. El Guardian Weekly de Londres (19 de agosto) advirtió: “Sumados, los desequilibrios globales, el comportamiento maniaco-depresivo de las bolsas de valores, la venalidad del sector financiero, la creciente brecha entre ricos y pobres, los altos índices de desempleo, el consumismo desnudo y los motines ingleses nos están diciendo algo. El sistema está en graves problemas, y en cualquier momento va a explotar”.
En Europa, la austeridad ha sido enfrentada con huelgas y protestas, a veces masivas, en defensa del sustento de los obreros. Pero las luchas obreras se han visto frustradas por sus falsos líderes reformistas, que aceptan la inevitabilidad de la austeridad capitalista y sólo piden que los golpes se suavicen.
En EE.UU., decenas de miles de sindicalizados y sus partidarios salieron a protestar a principios de este año contra la ley rompesindicatos del gobernador republicano de Wisconsin, Scott Walker, que le arranca el derecho a la negociación colectiva a los sindicatos de obreros del sector público. Con todos los sindicatos de empleados públicos bajo amenaza de ser aniquilados, las protestas de Wisconsin inspiraron a los obreros de todo el país, que las vieron como el inicio de una contraofensiva contra la unilateral guerra de clases dirigida contra el movimiento obrero organizado. Pero los falsos líderes burocráticos de la AFL-CIO trabajaron tiempo extra para sofocar cualquier intento que apuntara realmente al uso de la huelga como arma de los obreros, canalizando la furia de las bases hacia el apoyo al Partido Demócrata con una campaña de firmas para cesar a Walker y a varios congresistas republicanos del estado.
Décadas de traiciones por parte de estos farsantes sindicales han alentado en los gobernantes de EE.UU. la arrogante creencia de que pueden salirse con la suya haciéndoles lo que sea a la clase obrera, a los pobres y a casi todos los demás sin provocar lucha social alguna. Pero los gobernantes y sus lugartenientes en el movimiento obrero no pueden eliminar la lucha de clases, que surge del irreconciliable conflicto de intereses entre los trabajadores y sus explotadores. Las mismas condiciones que pesan sobre los obreros pueden impulsarlos a la batalla contra el enemigo de clase, y los impulsarán. Esto se vio en medio de la Gran Depresión, cuando, durante una breve recuperación de la economía, los obreros comenzaron a librar arduas batallas para organizar sindicatos industriales en este país.
Las huelgas de brazos caídos, los piquetes masivos y otras acciones que construyeron el CIO [Congreso de Organizaciones Industriales] fueron detonadas por la huelga general de San Francisco de 1934 y las huelgas masivas de Toledo y Minneapolis de ese mismo año. Todas ellas estuvieron dirigidas por comunistas. Fue con el fin de descarrilar la amenaza de que las batallas de clase pusieran en cuestión el dominio capitalista que se implementaron los programas sociales del New Deal, como la seguridad social. Tras la Segunda Guerra Mundial, las purgas de rojos de la Guerra Fría sacaron de los sindicatos a los comunistas y socialistas, incluyendo a los estalinistas que habían canalizado el descontento obrero hacia apoyo al Partido Demócrata de Roosevelt.
Hoy ya nadie que se reivindique socialista tiene una base sustancial en los sindicatos. Pero incluso sin militantes inspirados por convicciones políticas de este tipo, aparecerán líderes radicales y no serán menos combativos. La reactivación de las batallas obreras sentará la base para la resurrección y la extensión de los sindicatos, y una nueva dirección clasista pasará a primer plano. Para que los obreros triunfen contra sus explotadores, deben armarse con un programa político marxista que vincule las luchas sindicales con la lucha por construir un partido obrero multirracial que barra con todo este sistema de esclavitud asalariada mediante la revolución socialista. ¡No pases hambre, lucha! ¡Quienes trabajan deben gobernar!
La burguesía: una clase dominante incapaz
En el Manifiesto comunista, escrito hace más de 150 años, Karl Marx y Friederich Engels identificaron la contradicción clave de la sociedad capitalista, que yace en la raíz de las repetidas crisis económicas. Por un lado, bajo el capitalismo la producción está socializada, pero los medios de producción siguen siendo propiedad privada de unos pocos que se apropian de la riqueza producida por el trabajo colectivo de los obreros.
Los ciclos económicos de auge y caída son producto directo del sistema capitalista de producción para la ganancia. Los capitalistas invierten en la expansión de la capacidad productiva suponiendo que el producto adicional —autos, casas, etc.— podrá venderse con al menos la misma tasa de ganancia. Sin embargo, durante los periodos de expansión, la tasa de ganancia promedio tiende a caer. Esta situación termina por crear una crisis de sobreproducción, ya que los capitalistas producen más bienes y servicios de los que pueden vender a una tasa de ganancia satisfactoria. Así, se repite el espectáculo de masas de obreros que pierden sus empleos y son arrojadas a la indigencia porque se ha producido demasiado. Como lo describen Marx y Engels en el Manifiesto comunista:
“La sociedad se encuentra súbitamente retrotraída a un estado de súbita barbarie: diríase que el hambre, que una guerra devastadora mundial la han privado de todos sus medios de subsistencia; la industria y el comercio parecen aniquilados. Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio... ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, con la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, con la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos”.
Marx y Engels subrayaron que el ascenso del capitalismo y la destrucción del orden feudal representaron un avance histórico en el desarrollo de las fuerzas productivas: la ciencia, la industria y la tecnología. Pero el capitalismo a su vez se convirtió en un obstáculo al desarrollo ulterior de esas fuerzas productivas. Ante la indigencia y la destrucción producto de las inevitables crisis económicas del capitalismo, los medios de producción llegaron a estar monopolizados por un número cada vez más reducido de conglomerados cada vez más grandes. Su necesidad siempre creciente de fondos de inversión y de otros modos de financiamiento llevó a la dominación del capital financiero, es decir, de los gigantes bancarios.
Para finales del siglo XIX, el capitalismo había llegado a su última fase: el imperialismo. Los capitalistas de los países industriales avanzados se vieron obligados a librar guerras para redividirse el mundo y así poder saquear mercados y asegurar esferas de explotación en los países menos avanzados. En su competencia por la dominación mundial, las potencias imperialistas hundieron a los pueblos del mundo en la barbarie de la primera y segunda guerras mundiales y libraron incontables guerras en los países coloniales y semicoloniales.
La absoluta irracionalidad del capitalismo alcanzó nuevas profundidades en la era del imperialismo. Si bien los capitalistas industriales seguían concentrados en la producción de bienes para vender (mercancías), las maquinaciones de las gigantescas instituciones financieras alcanzaron proporciones inusitadas. Como el dirigente marxista revolucionario V.I. Lenin explicó en su estudio de 1916, El imperialismo, fase superior del capitalismo:
“El desarrollo del capitalismo ha llegado a un punto tal que, aunque sigue ‘reinando’ la producción mercantil y continúa siendo considerada como la base de la vida económica, en realidad se halla ya quebrantada, y el grueso de las ganancias va a parar a los ‘genios’ de las maquinaciones financieras. En la base de estas maquinaciones y estafas está la socialización de la producción; pero el inmenso progreso de la humanidad, que ha logrado esa socialización, beneficia...a los especuladores”.
Un ejemplo de ello es la burguesía estadounidense, que durante décadas ha evitado hacer inversiones que expandirían y modernizarían su decadente capacidad industrial o repararían los derruidos puentes, caminos, cableado eléctrico y diques del país. En cambio, ha despilfarrado la mayoría del excedente económico obtenido mediante la explotación del trabajo en una sucesión de juergas especulativas. Y, de hecho, fue la desbocada especulación financiera en la industria de la vivienda lo que detonó la actual crisis económica.
En Europa, estas estafas financieras han acentuado marcadamente las contradicciones inherentes a la Unión Europea, un consorcio inestable de estados capitalistas rivales. En el corazón de las contradicciones de la UE está el hecho de que mantener una moneda común requiere un poder estatal común. Esto es sencillamente imposible bajo el capitalismo. Hace mucho que la Liga Comunista Internacional refutó la ilusión de que la UE podría sentar las bases para unos Estados Unidos de Europa capitalistas. En una declaración sobre el Tratado de Maastricht, que sentó las bases para el euro, escribimos:
“Dado que el capitalismo está organizado sobre la base de estados nacionales particulares, en sí mismo la causa de repetidas guerras imperialistas para redividirse el mundo, es imposible cohesionar un estado burgués paneuropeo estable. Un ‘super-estado’ imperialista europeo sólo puede conseguirse con los métodos de Adolf Hitler, no con los de Jacques Delors, el arquitecto socialdemócrata francés de Maastricht”.
—“For a Workers Europe—For Socialist Revolution!”, [¡Por una Europa obrera—Por la revolución socialista!] WV No. 670, 13 de junio de 1997
Sólo la conquista del poder estatal por el proletariado puede sentar las bases para unos Estados Unidos socialistas de Europa y para una economía racionalmente planificada.
Como internacionalistas proletarios revolucionarios, siempre nos hemos opuesto a la UE como bloque comercial imperialista. Dominada por la Francia y la Alemania capitalistas, el propósito de la UE es aumentar su filo competitivo contra sus rivales imperialistas de Estados Unidos y Japón mediante el aumento en la explotación de la clase obrera de los países de la UE. Como precio de entrada, los países más débiles de la UE fueron encerrados en el euro. Ahora están cayendo, afanándose por cumplir las obligaciones de sus deudas mediante el sometimiento de su clase obrera. No podría ser de otro modo.
En 1848, Marx y Engels condenaron a la burguesía como “no capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia, ni siquiera dentro del marco de la esclavitud”. Y si la burguesía de entonces era incapaz de gobernar, los gobernantes imperialistas de hoy ya sobrepasaron por mucho su fecha de caducidad.
Un imperio en declive
A partir de la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898, los gobernantes capitalistas de Estados Unidos, país que se desarrollaba rápidamente, se decidieron a conquistar el mundo, apropiándose de Cuba, Puerto Rico y Filipinas para su saqueo. Cuando emergieron como la potencia imperialista dominante tras la Segunda Guerra Mundial, los imperialistas estadounidenses se jactaron de que había iniciado el “Siglo Americano”. Sin embargo, para la década de 1970, empezaron a ver su dominio amenazado por el ascenso del poderío económico alemán y japonés. Con su tesorería drenada por su derrota en la larga guerra contra los obreros y campesinos de Vietnam, Estados Unidos había dejado de ser el indiscutible motor capitalista del mundo. Esto se evidenció con la devaluación del dólar del 15 de agosto de 1971.
Para revertir el declive de sus fortunas, la clase dominante estadounidense lanzó una campaña para incrementar su rentabilidad mediante un aumento de la explotación de la clase obrera: cerrando fábricas automotrices y metalúrgicas, trasladando la producción a plantas con bajos salarios en el sur no sindicalizado o a sus neocolonias de América Latina y Asia, y aumentando la productividad mediante la aceleración del ritmo de trabajo y la institución de una “doble escala” de salarios y prestaciones para los obreros jóvenes. Un punto de inflexión clave fue el aplastamiento del sindicato de controladores aéreos PATCO en 1981. Fue el presidente demócrata Jimmy Carter quien trazó el plan para acabar con PATCO, plan que sería ejecutado por su sucesor republicano Ronald Reagan. Los burócratas de la AFL-CIO dejaron que Reagan se saliera con la suya, de manera crucial al negarse a convocar a los otros sindicatos a que cerraran los aeropuertos. Esta derrota abrió la puerta a una ola de rompimientos de sindicatos y aplastamientos de huelgas.
Tal como lo está haciendo Obama, Reagan fabricó una crisis de la deuda para destruir los programas sociales. Los programas de “guerra contra la pobreza”, instituidos para comprar la paz social en las zonas empobrecidas de las ciudades tras los levantamientos en los guetos de los años sesenta, fueron desmantelados de manera creciente. Hizo falta que llegara el presidente demócrata Bill Clinton para darle el golpe final a la “seguridad social como la conocemos”. Usando la racista retórica de Reagan sobre las “reinas de la seguridad social” negras que viven del trabajo de los “laboriosos contribuyentes”, Clinton abolió la Ayuda a Familias con Hijos Dependientes que se daba a las madres solteras pobres y a sus familias.
Reagan implantó un inmenso programa de déficit presupuestal, recortando los impuestos para los ricos mientras contraía préstamos gigantescos con los banqueros alemanes y japoneses, así como con jeques árabes de territorios ricos en petróleo. El propósito principal era aumentar masivamente la capacidad militar del imperialismo estadounidense como parte de su campaña de Guerra Fría contra la Unión Soviética. Pese a su degeneración burocrática bajo Stalin, el estado obrero soviético seguía encarnando las principales conquistas sociales de la Revolución Rusa de 1917. Los imperialistas estaban decididos a reconquistar ese vasto territorio —la sexta parte del planeta— para su explotación.
En 1991-92, los capitalistas consiguieron su objetivo contrarrevolucionario al destruir el primer estado obrero del mundo. Al llegar a la presidencia en la secuela de esta “victoria”, Clinton prometió que los “dividendos de la paz” revitalizarían la economía al reducir la masiva deuda pública. Pero los “dividendos” se canalizaron en su mayor parte hacia una orgía de inversiones especulativas en telecomunicaciones y servicios de Internet, el llamado boom de los punto com de la segunda mitad de los noventa. Aquella burbuja se reventó en 2000-2001, dando paso a otra recesión.
A los demócratas neoliberales de Clinton siguieron los neoconservadores republicanos del gobierno de George W. Bush. Estos cowboys nucleares invadieron Afganistán e Irak para enviarle al resto del mundo el mensaje de que Estados Unidos seguía siendo el mandamás militar del mundo. Estas guerras y ocupaciones fueron financiadas por préstamos del extranjero, mientras los asquerosamente ricos obtenían descuentos fiscales que superaban incluso a los que habían obtenido bajo Reagan. Entonces, la burbuja de los precios de la vivienda de principios de la primera década del siglo se reventó en 2007-2008, detonando una crisis financiera global. Hoy tenemos a Barack Obama respondiendo torpemente a la reducción de la clasificación AAA de los bonos del tesoro estadounidense por parte de Standard & Poor con la declaración de que Estados Unidos “siempre ha sido y siempre será un país triple A”. La bolsa de valores respondió con un desplome de dos billones de dólares.
Tras la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética, parecía que los imperialistas estadounidenses habían vencido en la cruzada, que habían iniciado casi un siglo antes, por convertirse en los amos del mundo. Pero incluso cuando Estados Unidos había obtenido una supremacía militar inigualable, su base industrial interna seguía oxidándose. Para algunos miembros de la altiva clase dominante estadounidense, el declive del poderío económico del país resultaba inexplicable...excepto por la “voluntad de dios”. En consecuencia, un ala de la burguesía estadounidense parece haberse vuelto completamente loca.
Incluso a los ojos del establishment de su propio partido, la actual hornada de candidatos presidenciales republicanos parece haber perdido el juicio. Durante un viaje de campaña en Iowa, Rick Perry, gobernador de Texas, acusó a Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, de traición por “imprimir más dinero para jugar a la política”, amenazándolo con que “lo trataríamos muy mal en Texas”. Perry, un reaccionario peligroso, está atacando en este caso a un republicano nombrado por el gobierno de Bush, cuya política de “dinero blando” fue de hecho una gran ayuda para la burguesía. Al llevar las tasas de interés reales por debajo de cero, la Reserva Federal esencialmente le está pagando a los capitalistas financieros por aceptar préstamos del gobierno...¡que luego invierten para obtener lucro!
Una semana antes de entrar en la carrera presidencial, Perry protagonizó un mitin fundamentalista cristiano de 20 mil asistentes, en el que se le rogó a dios que salvara la economía estadounidense. Su candidata rival en la competencia presidencial, Michele Bachmann, cree fervientemente que dios la va a reunir con los demás buenos cristianos para llevarlos al cielo a sentarse a su derecha, en lo que algunos llaman el “Arrebato” venidero. En su demencial visión del mundo, Perry y Bachmann tienen mucho en común con el loco monje milagrero Rasputín, consejero de la zarina rusa durante la agonía del brutal y podrido imperio zarista. Obama confía en regresar a la Oficina Oval como la alternativa “cuerda”, el que puede implementar de manera más efectiva la ofensiva bipartidista para recortar lo que queda de los programas sociales que reflejen un impulso de no ver masas de indigentes hambrientos en las calles.
No hay duda de que los actuales candidatos republicanos están dementes. Pero su demencia es un reflejo de la peligrosa irracionalidad del orden imperialista estadounidense. Así como la Revolución Rusa barrió con la decadente, enloquecida y corrupta corte de los zares, así también los marxistas estamos decididos a construir un partido revolucionario e internacionalista que pueda dirigir a los obreros en el derrocamiento del decadente dominio del capitalismo estadounidense.
¡Por una economía socialista internacionalmente planificada!
La izquierda reformista suplica al gobierno que les cobre “impuestos a los ricos” para obtener dinero para empleos, educación, seguridad social para los pobres y otros programas de beneficencia social. El multibillonario Warren Buffet retomó recientemente esta cantaleta en un artículo de opinión en el New York Times (14 de agosto) titulado “Dejen de consentir a los súper ricos”. En respuesta, ¡un analista de negocios de Fox TV acusó a Buffet, uno de los especuladores financieros más ricos del mundo, de “socialista”! En realidad, es el miedo a que las masas puedan rebelarse lo que preocupa a Buffet, que declaró: “Los estadounidenses están perdiendo rápidamente la fe en la capacidad del Congreso de lidiar con los problemas fiscales de nuestro país. Sólo una acción inmediata, real y muy sustancial impedirá que la duda se convierta en desesperanza. Esa sensación puede crear su propia realidad”.
En medio de un océano de millones de desempleados, las corporaciones y los bancos acumulan efectivo por montones. Pero no podremos disponer de él apelando a la autoridad impositiva del estado capitalista, cuyo propósito es garantizar y defender los intereses de la burguesía. Para resolver la crisis de su deuda, los gobiernos locales y estatales están recortando las pensiones de los jubilados para poder pagarles a los dueños de los bonos. Para “hacer que los ricos paguen”, ¡la clase obrera debe aplastar el dominio de la burguesía!
En un ambiente ideológico condicionado por las proclamas imperialistas de que la destrucción de la Unión Soviética demostró que el marxismo no fue más que un “experimento fallido”, la perspectiva de una revolución proletaria socialista puede parecer inverosímil. ¡Pero la economía colectivizada de la Unión Soviética sí funcionó! Pese a su aislamiento en un mundo dominado por el imperialismo, la Unión Soviética, alzándose desde un profundo atraso y de la destrucción causada por la guerra mundial, la guerra civil y la intervención imperialista, llegó a ser una potencia industrial y militar.
Ahora, a dos décadas de la contrarrevolución que destruyó al estado obrero degenerado soviético, muchos rusos añoran la época en la cual tenían garantizados el empleo, la educación, la vivienda, la atención médica y las vacaciones, y lamentan haber comprado el mito de la “democracia” capitalista. Lo que minó la economía colectivizada, y lo que en última instancia sentó las bases para la destrucción de la propia Unión Soviética, fue la parasitaria burocracia estalinista, que usurpó de los obreros el poder político e intentó apaciguar en vano a los imperialistas vendiendo luchas obreras en otros países.
Hoy, la profunda crisis económica de los países capitalistas contrasta agudamente con la situación de China, donde las industrias clave para la producción están colectivizadas. Mientras los gobiernos de Estados Unidos y Europa pagan el rescate de los capitalistas financieros a costa de los obreros, Beijing ha canalizado inversiones masivamente para el desarrollo de su infraestructura y su capacidad productiva. Ante el creciente número de huelgas y protestas, el régimen ha aumentado el ingreso de los obreros y los campesinos. Sin embargo, el régimen estalinista chino mina las conquistas sociales de la Revolución de 1949 al conciliar al imperialismo y promover “reformas de mercado” que fortalecen las fuerzas contrarrevolucionarias internas. En su “asociación” con el capital mundial, la burocracia de Beijing está subsidiando al imperialismo estadounidense mediante su enorme inversión en bonos del tesoro de Estados Unidos, inversión que, entre otras cosas, se está usando para financiar las ocupaciones de Irak y Afganistán. Como trotskistas, estamos por la defensa militar incondicional del estado obrero deformado chino contra el imperialismo y la contrarrevolución interna. Al mismo tiempo, entendemos que la defensa y la extensión internacional de las conquistas que quedan de la Revolución China de 1949 requieren una revolución política proletaria que remplace a los burócratas estalinistas con una dirección revolucionaria e internacionalista y un régimen de democracia obrera.
Como escribimos en nuestro artículo “Wall Street Nightmare Stalks Working People” (La pesadilla de Wall Street acosa a los trabajadores, WV No. 921, 26 de septiembre de 2008):
“Muchos problemas pueden resolverse mediante las ‘transferencias internas de efectivo’: hacerle la vida tolerable a los obreros, los negros, los latinos, los desempleados, los indigentes, las madres con seguridad social, los consumidores de drogas, etc. Y los comunistas queremos hacerlo. Pero primero hay que aplastar el poder de la burguesía. Para eso, hay que construir un partido obrero, un partido que no ‘respete’ los valores de propiedad de la burguesía, un partido que le diga a los explotados y los oprimidos: queremos más, lo queremos todo, debería ser nuestro, tómenlo. Y cuando tengamos la riqueza de este país, empezaremos a construir una economía socialista planificada a escala internacional. Entonces podremos enmendar algunas injusticias y crímenes históricos y pagar algunas deudas que contrajeron nuestros gobernantes, como unas decenas de miles de millones de dólares al pueblo vietnamita y a los demás pueblos cuyos países han sido aplastados por el paso de los tanques estadounidenses. Y como ‘indemnización’ a aquellos que llevaron a Estados Unidos a la ruina, podemos ofrecerles, si no se meten en nuestro camino, que vivirán para ver a sus nietos prosperar en una sociedad genuinamente humana”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/34/crisis.html
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2016.05.21 18:51 ShaunaDorothy Declaración de la Liga Comunista Internacional ¡Defender a Irak contra el ataque imperialista de EE.UU. y sus aliados! ¡Abajo el bloqueo hambreador de la ONU! (2 - 2) 23 de octubre de 2002

https://archive.is/DksZ2
La doctrina Bush: Los principales policías nucleares del mundo
En septiembre, la administración Bush hizo pública su “Estrategia de seguridad nacional”, una bomba diplomática que consagra el principio de la guerra “preventiva”, incluso con armas nucleares, contra cualquiera que se le ponga en el camino a EE.UU. y declara que ninguna potencia remontará jamás la enorme ventaja militar que EE.UU. ha alcanzado desde que la Unión Soviética fue destruida a través de la contrarrevolución capitalista en 1991-92. (El presupuesto militar estadounidense es ahora mayor que el de los siguientes 19 países juntos.) Esta amenaza está dirigida en primer lugar contra China, así como contra los rivales imperialistas de EE.UU. Esta nueva política representa un cambio significativo en la manera en la que EE.UU. ha dominado al mundo desde que emergió triunfante de la primera y la segunda guerras mundiales interimperialistas sobre sus rivales. Por décadas, EE.UU. ha envuelto su absoluto bandidaje en el disfraz de la “democracia” y la “liberación” de la gente de “las dictaduras”. Las Naciones Unidas con frecuencia han servido de hoja de parra “humanitaria” para el terror y la destrucción que ha desatado el imperialismo estadounidense a lo largo y ancho del mundo, desde la Guerra de Corea de 1950-53 hasta el bloqueo hambreador contra Irak.
Las quejas de los socialdemócratas y los falsos izquierdistas europeos respecto de la “unilateralidad” de EE.UU. no representan ninguna oposición clasista al imperialismo estadounidense; representan tan sólo los chillidos de estados menos poderosos y sus apologistas, que quieren un trozo más grande del botín y preferirían ser tratados de forma menos grosera. Sus maniobras en la ONU son en esencia juegos de poder para presionar un poco a los EE.UU., buscando satisfacer sus propios intereses nacionales. Lenin llamaba “guarida de ladrones” a la predecesora de la ONU, la Liga de las Naciones, y actualmente la ONU sirve para el mismo propósito: regular las disputas globales dentro del marco establecido por las potencias imperialistas más poderosas, cubriendo todas sus maniobras como misiones de “pacificación”. Hoy en día, EE.UU. se siente lo suficientemente confiado para dejar caer esta máscara y gruñir una advertencia directa: “haz lo que digo o podrías ser el siguiente”. Y de hecho lo hacen, ¡accediendo a exentar al ejército estadounidense de los tribunales internacionales que juzgan crímenes de guerra y accediendo también a las apelaciones de EE.UU. a los iraquíes para que asesinen a su jefe de estado!
El cambio de política de la Casa Blanca no es meramente una cuestión de semántica o de ausencia de sutilezas diplomáticas. Es la forma que ha tomado el “nuevo orden mundial” que surgió de la caída de la Unión Soviética. La Unión Soviética era la tierra natal de la Revolución de Octubre de 1917, la primera, y hasta ahora la única, revolución obrera victoriosa en el mundo. El sistema de explotación capitalista fue derrocado y remplazado por una economía planificada y colectivizada. Sin embargo, en ausencia de revoluciones socialistas en Alemania y otros países industriales avanzados, el joven estado obrero permaneció empobrecido y rodeado de potencias imperialistas hostiles, y los propios obreros soviéticos fueron políticamente expropiados por una casta burocrática conservadora, similar a la burocracia obrera que descansa sobre los sindicatos en los países capitalistas. León Trotsky, codirigente junto con Lenin de la Revolución de Octubre, luchó contra la degeneración burocrática de la Unión Soviética bajo Stalin y luchó por devolver a la Unión Soviética al camino del internacionalismo revolucionario. En 1933, Trotsky llamó por una revolución política para expulsar a la burocracia, al tiempo que seguía insistiendo que era deber del proletariado internacionalmente defender militarmente al primer estado obrero del mundo de los intentos internos o externos de restauración capitalista.
A pesar de la deformación estalinista, la Unión Soviética era el motor industrial y militar de todos los estados que derrocaron el dominio capitalista, desde Vietnam hasta Cuba. Sin el poderío militar soviético que lo contenga, el imperialismo estadounidense ha estado desbocado, expandiendo su presencia militar en cada continente y cada mar. Las rivalidades interimperialistas, que generalmente se subordinaban a la causa común de destruir la Unión Soviética, han pasado a un primer plano. La reelección del canciller alemán Gerhard Schröder sobre la base de su posición antiamericana sobre el conflicto en Irak (la primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en la que la Alemania capitalista ha expresado su abierta oposición a una política estratégico-militar estadounidense de importancia) es una indicación del creciente cisma en el campo imperialista. Otra es el cortejo hacia Corea del Norte por parte de Japón en septiembre, en desafío del objetivo de Bush de matar de hambre y poner en cuarentena a ese “estado delincuente”. Fox, el presidente mexicano que quiere ser el hombre de Bush en América Latina, ni siquiera puede lograr que le arrojen una migaja diplomática de la mesa de Washington en premio por sus servicios. Durante la Guerra del Golfo de 1991, Alemania y Japón pagaron, ellos solos, más del 25 por ciento del costo de la guerra, en tanto que otros aliados de EE.UU. (como Arabia Saudita) cubrieron casi todo lo demás. Sin embargo, Schröder jura que está vez no pagará ni un pfennig y Japón ha puesto en claro que tampoco planea contribuir. La recesión económica que cada vez se hace más profunda está exacerbando las tensiones entre los países de Europa Occidental, Estados Unidos y Japón. Las guerras comerciales económicas entre los bloques rivales y dentro de los mismos por la obtención de porciones más grandes del mercado mundial, conducirán en última instancia a conflictos militares.
Actualmente, EE.UU. tiene la mira puesta en arrebatar y controlar una porción mayor de la riqueza petrolera del Medio Oriente, pero el premio que busca en última instancia es China. Envalentonado por la contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética, EE.UU. está incrementando la presión militar contra China —desde la expansión de las bases estadounidenses en las Filipinas hasta el establecimiento de nuevas bases en la frontera afgana—. Al mismo tiempo, EE.UU. y otros imperialistas, al igual que los capitalistas chinos de ultramar, promueven las incursiones del mercado capitalista en las “Zonas Económicas Especiales” para la explotación de libre mercado en el corazón del estado obrero deformado chino. China es uno de los siete blancos potenciales en la mira de los planes estadounidenses para un ataque nuclear preventivo, según se explica en la “Reseña de la postura nuclear” que publicó el Pentágono a principios de este año. A pesar de ello, la miserable burocracia estalinista de Beijing endosó la “guerra contra el terrorismo” de EE.UU. en Afganistan. Además, hay elementos de la burocracia que buscan convertirse en una nueva clase capitalista dominante, auxiliando a los imperialistas y a la burguesía china de ultramar en su penetración económica de China. El terrible revés sufrido en todos los niveles del progreso humano, desde la mortandad infantil y la esperanza de vida hasta la taza de alfabetización, a partir de la contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética y en Europa Oriental es una advertencia para las masas trabajadoras chinas de que entregarse al “libre mercado” significa caer de lleno en la explotación capitalista y en la miseria —y más aún en el caso de China, con sus amplias extensiones de atraso económico—. Están en riesgo las conquistas de la Revolución China de 1949, que sacó a China del yugo de la dominación imperialista, terminó con la esclavitud de la mujer y mejoró enormemente las condiciones de vida de las masas obreras y campesinas a través de la creación de una economía planificada y colectivizada. Nosotros los trotskistas luchamos por la defensa militar incondicional de China —al igual que de Corea del Norte, Vietnam y Cuba— contra el ataque imperialista y la contrarrevolución interna, al tiempo que luchamos por la revolución política proletaria para expulsar a las traicioneras burocracias estalinistas que socavan los estados obreros.
La LCI empleó todos los recursos a su alcance en la lucha para detener la contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética, y en Alemania Oriental un poco antes. En ese entonces, buscamos reimplantar el comunismo auténtico de los bolcheviques de Lenin y llevar a la clase obrera el brillante análisis de Trotsky sobre el carácter contradictorio de los estados obreros deformados, para poder construir partidos revolucionarios internacionalistas que funcionaran como el instrumento necesario para defender las viejas conquistas y obtener otras nuevas. No tuvimos éxito, pero el amargo resultado de la victoria del capitalismo —un mundo mucho más peligroso de guerras y explotación imperialista desatada— hace que las luchas inmediatas resulten mucho más urgentes y fortalece nuestra determinación. En contraste, prácticamente toda la “izquierda” aulló al lado de los lobos imperialistas, al respaldar las fuerzas de la contrarrevolución en la Unión Soviética y los estados obreros deformados de Europa Oriental. Al hacerlo, expresaron su acercamiento con sus burguesías nacionales. De ese modo, no es sorprendente que, reflejando el incremento en las diferencias entre las principales potencias imperialistas, estos “izquierdistas” hayan actuado como tamborileros a favor de los “derechos humanos” en apoyo de sus gobernantes imperialistas contra Serbia en 1999 y hoy adopten una postura “contra la guerra” que no es sino una fachada rosa para los intereses nacionales de sus propias clases capitalistas dominantes.
La falsa izquierda marcha al ritmo de sus propios gobernantes capitalistas
Es correcto oponerse al imperialismo estadounidense, pero promover la idea de que los imperialistas europeos son más benévolos y progresistas que sus rivales estadounidenses no es sino vil socialchovinismo. Sin embargo, ésta es precisamente la moneda falsa de la “izquierda” europea. De ese modo, la italiana Rifondazione Comunista (RC), la Ligue Communiste Révolutionnaire (LCR) francesa y los británicos Socialist Workers Party (SWP) y Workers Power (WP), entre otros muchos, firmaron un llamado “A todos los ciudadanos de Europa y todos sus representantes” que proclama:
“Quienes muestren solidaridad con el pueblo de Irak no serán escuchados en la Casa Blanca. Pero tenemos la oportunidad de influenciar a los gobiernos europeos —muchos de los cuales se han opuesto a la guerra—. Llamamos a todos los jefes de estado europeos a que se opongan públicamente a esta guerra, tenga o no el respaldo de la ONU, y a que exijan que George Bush abandone sus planes de guerra.”
¡Qué apelación más conmovedora a la burguesía alemana de Auschwitz, a los imperialistas franceses que bañaron en sangre a Argelia, a los británicos que saquearon al subcontinente indio y dividieron el Medio Oriente, y cuyas tropas imperialistas reprimen brutalmente a los católicos en Irlanda del Norte! ¿Y qué hay de los actores secundarios de hoy, como los belgas, cuya ocupación colonial del Congo no tuvo rival en su brutalidad, o los holandeses, que subyugaron a Indonesia y también estuvieron involucrados en el tráfico de esclavos intercontinental? Y no hay que olvidar que fue la burguesía italiana la que puso campos de concentración en Libia y la que utilizó gas venenoso contra la población etíope. Además, este sangriento pasado colonial pavimentó el camino para la represión contra los inmigrantes de piel oscura por parte de los gobernantes actuales de Europa Occidental, desde el racista Rasterfahndung (un sistema que usa computadoras para fichar a las personas por su raza, principalmente a los inmigrantes musulmanes) en Alemania, hasta el terror policiaco racista institucionalizado de la campaña francesa de “Vigipirate”, las muertes por ahogamiento de refugiados albaneses que viajaban en bote provocadas por Italia, las deportaciones de personas en busca de asilo por parte de Gran Bretaña y un muy largo etcétera.
Posiblemente los “izquierdistas” firmantes de la declaración citada anteriormente sienten que sus amos imperialistas les “deben” una. Después de todo, ellos de hecho ayudaron a colocar en el poder gobiernos reaccionarios a lo largo de Europa. El SWP británico se declaró “encantado” cuando Tony Blair, el perro faldero de Bush, se convirtió en Primer Ministro por primera vez. La LCR francesa hizo una vigorosa campaña “en las calles y en las urnas” para “poner alto a Le Pen” y colocar en el poder al gaullista de derecha Jacques Chirac. El grupo cliffista alemán, Linksruck, ayudó a poner una vez más en el poder a Schröder (que aprovechó la Guerra de los Balcanes para convertirse en el primer hombre en enviar tanques del Bundeswehr fuera de Alemania desde Adolf Hitler) como un candidato antiestadounidense “a favor de la paz”. El líder de la RC italiana, Bertinotti, suelta palabrería que suena izquierdista acerca de una “huelga general europea a favor de la paz” (excluyendo notoriamente a los trabajadores estadounidenses), mientras apela simultáneamente a los jefes de estado europeos, incluyendo al derechista Berlusconi (que está aliado con los fascistas) para que se opongan a la guerra. En los hechos, Bertinotti está llamando a “una huelga a favor de la paz” por parte de los gobiernos capitalistas. Proposta y Falcemartello (la rama italiana de los grantistas británicos), acurrucados al interior de RC, se niegan a tomar un lado y defender a Irak, y promueven manifestaciones contra las bases militares estadounidenses sin dirigirse al imperialismo italiano. De hecho, Proposta respaldó al anterior gobierno de RC y la coalición “Ulivo” que invadió Albania en 1997. En el ciberespacio, Workers Power y su League for a Revolutionary Communist International (LRCI) llaman a “defender a Irak”, pero en las calles de Gran Bretaña hicieron campaña a favor de Tony Blair, que lleva a cabo la guerra contra Irak. Workers Power hizo campaña abiertamente a favor de la derrota de Serbia a manos del Ejército de Liberación de Kosovo —un instrumento del imperialismo de la OTAN durante la Guerra de los Balcanes— y apareció en una manifestación en Londres que incluía prominentemente el llamado “¡Buena suerte OTAN!”. WP también hizo la declaración demente de que “en la secuela de la victoria de la OTAN en Kosovo, una situación prerrevolucionaria está madurando” (“La lucha para derrocar a Milosevic en Serbia”, declaración de la LRCI, 11 de agosto de 1999).
En Gran Bretaña, el SWP cliffista saca espuma por la boca contra la “guerra de Bush” y, sin embargo, apoyó la entrada de tropas imperialistas británicas a Irlanda del Norte en 1969 ¡y todavía no puede decidirse a exigir su retiro inmediato incondicional! Aunque ocasionalmente denuncian a las Naciones Unidas en sus periódicos, varios afiliados internacionales de la tendencia de Cliff constituyen el ala derecha del movimiento contra la guerra y criminalmente crean ilusiones en la ONU, cuyas sanciones contra Irak son un acto de guerra asesino. En 1990-91, el SWP organizó el Committee to Stop the War in the Gulf [Comité para detener la guerra en el Golfo] dirigido por Tony Benn, quien apoyó las sanciones de la ONU. Ahora, Linksruck ha publicado una petición en su sitio de Internet: “Apelamos al Gobierno Federal Alemán con gran preocupación: ¡Hay que hacer todo lo posible en el marco de la ONU en respuesta a los EE.UU. para evitar la amenaza de guerra!”
En Australia, la International Socialist Organisation (ISO) anunció en el número del 4 de octubre del Socialist Worker que respalda la Victorian Peace Network (VPN), un grupo contra la guerra que afirma: “Las resoluciones de la ONU sobre el desarme y los derechos humanos sólo funcionarán si son aplicadas de manera pareja, sin miedos ni favoritismos. Todas las potencias nucleares y todos los estados del Medio Oriente deben abolir sus reservas de armas químicas, biológicas y nucleares.” Éste es un llamado abiertamente proimperialista por el desarme de Irak frente al inminente ataque estadounidense y británico. Por lo que respecta a los imperialistas, sólo serán desarmados cuando sean expropiados por revoluciones obreras victoriosas. Colgándose de los faldones de liberales como el VPN, la ISO termina de nuevo en el campo del imperialismo.
De forma similar, el marcyista Workers World Party (WWP) de Estados Unidos habla de forma un poco más izquierdista en su periódico, pero en la práctica dedica sus esfuerzos a subordinar al movimiento contra la guerra a los políticos capitalistas en el Partido Demócrata del racismo y la guerra. El WWP promueve a Ramsey Clark, que fue policía en jefe en la administración de Lyndon Johnson durante la Guerra de Vietnam y hoy exige que el imperialismo estadounidense “nos guíe en el camino hacia la paz”.
Las bases militares estadounidenses a lo largo de Europa y Asia, al igual que las instalaciones de espionaje de alta tecnología como Pine Gap en Australia, se han convertido en blancos dignos de las protestas contra la guerra efectuadas por izquierdistas y sindicatos. Sería bueno que EE.UU. fuera privado de sus plataformas internacionales de lanzamiento para la guerra contra Irak. Pero, sin importar toda la palabrería electorera del canciller alemán Schröeder contra la guerra en Irak, es altamente improbable que interfiera de modo alguno con las principales bases aéreas o instalaciones militares estadounidenses a lo largo de Alemania, que alojan a unas 70 mil tropas estadounidenses. Lo que necesitamos no es un “movimiento contra la guerra” de apoyo socialchovinista a la “propia” burguesía de uno, sino una oposición revolucionaria, proletaria e internacionalista a las bases de EE.UU. y la OTAN. El Partido Obrero Espartaquista, sección alemana de la LCI, llama por el retiro inmediato de todas las tropas alemanas de los Balcanes, Afganistán y el Medio Oriente. Y mientras que gran parte de la izquierda hizo campaña a favor de la intervención imperialista en Timor Oriental en 1999, la Spartacist League/Australia se opuso a la presencia militar australiana allí desde el principio.
El grupo francés Lutte Ouvrière (L.O.) parece haberse separado del pantano e incluso denunció “la total hipocresía de los estados europeos respecto del incremento en el belicismo de Bush” (Lutte Ouvrière, 6 de septiembre). Sin embargo, L.O. no ofrece perspectiva alguna para una contienda contra la guerra basada en la lucha de clases, y mucho menos contra el reflejo local de esta campaña bélica: el incremento en el terror de estado policiaco contra los inmigrantes, los sans-papiers (inmigrantes indocumentados) y los jóvenes de “segunda generación”. L.O. ha oscilado salvajemente en los últimos meses, yendo desde el apoyo grotesco a las “huelgas” policiacas y los llamados por más policías en los barrios pobres hasta la oposición a la brutalidad policiaca. Sin embargo, en lo que es consistente L.O. es precisamente en su firme negativa a luchar por cualquier otra cosa que no sean las demandas económicas más estrechas del proletariado. De manera increíble, en meses de volantes fabriles de L.O. no puede encontrarse ni una palabra contra el racismo antiinmigrante, pero sí pueden encontrarse muchos de sus eternos balbuceos reformistas acerca de “prohibir los despidos”. De ese modo, L.O. cumple con su parte para atar a los obreros a los explotadores con la mentira de que el sistema capitalista de algún modo puede ser regulado bajo un “buen” gobierno para que sea “humanitario”.
En su compendio clásico contra la guerra, El socialismo y la guerra, escrito en 1915 en el crisol de la Primera Guerra Mundial, Lenin escribió:
“El contenido ideológico y político del oportunismo y del socialchovinismo es el mismo: la colaboración de las clases en lugar de la lucha entre ellas, la renuncia de los medios de lucha revolucionarios y la ayuda a ‘sus’ gobiernos en su difícil situación, en lugar de sacar partido de esas dificultades en interés de la revolución.”
De hecho, el apoyo de los seudomarxistas a sus propios gobernantes, como si fueran más morales o humanos que la burguesía estadounidense, es el mismo argumento que usaron los socialdemócratas alemanes como “justificación” para “defender a la patria” y votar a favor de los créditos de guerra para el Kaiser en 1914. Este abandono de la perspectiva marxista fundamental de clase contra clase —encapsulada en el llamado inequívoco de El Manifiesto Comunista: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”— impulsó a Lenin a arrancarse la camisa sucia de la II Internacional y a construir una nueva III Internacional comunista. La traición de los socialdemócratas hizo que Lenin se diera cuenta que el oportunismo tenía una base material en el movimiento obrero mismo, particularmente entre los funcionarios sindicales que ataban su destino al sistema capitalista. La mayor contribución de Lenin al marxismo fue su conclusión de que la ruptura decisiva con los oportunistas era la precondición para que el proletariado luchara por sus propios intereses de clase y por su propio dominio de clase. Compárese este entendimiento con el oportunismo fundamental de grupos como el Comité por una Internacional de los Trabajadores de Peter Taaffe, encabezado por el Socialist Party británico, que ocasionalmente puede hacer declaraciones que suenan ortodoxas acerca de que el capitalismo es la raíz de la guerra, pero que está comprometido a apoyar a socialdemócratas como el Partido del Socialismo Democrático alemán.
Lenin explica en El socialismo y la guerra:
“Hoy la unidad con los oportunistas significa de hecho la subordinación de la clase obrera a ‘su’ burguesía nacional y la alianza con esta burguesía para la opresión de otras naciones y para la lucha por los privilegios propios de una gran potencia, constituyendo, al mismo tiempo, la escisión del proletariado revolucionario de todos los países.”
Lenin concluye que la tarea inmediata consiste en:
“[U]nir a estos elementos marxistas —por poco numerosos que sean al principio—, en recordar en su nombre las olvidadas palabras del verdadero socialismo y exhortar a los obreros de todos los países a que rompan con los chovinistas y se agrupen bajo la vieja bandera del marxismo.”
El Medio Oriente, detonador para una Tercera Guerra Mundial
Para movilizar plenamente y de manera efectiva a los obreros y a los trabajadores rurales de Irak contra el imperialismo estadounidense, es necesario que el régimen iraquí sea derrocado y remplazado por un gobierno de consejos (soviets) obreros y campesinos como el que fue establecido por la Revolución Bolchevique Rusa de 1917 bajo la dirección de Lenin y Trotsky. De ese modo, un partido leninista-trotskista en Irak hoy en día buscaría combinar la lucha por la independencia nacional contra el militarismo estadounidense con una revolución social contra los capitalistas y los terratenientes iraquíes. Los líderes árabes a través del Medio Oriente temen que una invasión estadounidense de Irak encienda el descontento social en sus propios países. Mientras tanto, Israel continúa golpeando a los palestinos, haciendo pedazos toda estructura básica de la sociedad en los Territorios Ocupados y planteando la muy real posibilidad de una expulsión masiva de los palestinos. La guerra dirigida por EE.UU. contra Irak podría proporcionar una “cubierta” a los planes genocidas de Sharon. Turquía teme que la destrucción del régimen de Saddam Hussein pueda incitar una lucha por parte del pueblo kurdo en Irak —y Turquía— por sus derechos nacionales. El Medio Oriente es un mosaico de estados artificiales cuyas fronteras fueron literalmente dibujadas por los imperialistas para que se adecuaran a sus apetitos coloniales, incluyendo el control de las vitales reservas petroleras.
La dominación imperialista ha reforzado el atraso social y la brutal represión contra las mujeres, los homosexuales y las minorías étnicas y religiosas en el Medio Oriente. La “guerra santa” antisoviética del imperialismo estadounidense en Afganistán en los años 80, junto con la bancarrota del nacionalismo árabe y las traiciones nacionalistas de los partidos comunistas estalinistas, ayudó, y no en poca medida, a alimentar el asenso del fundamentalismo islámico en el Medio Oriente. En tanto que buena parte del resto de la izquierda marchó detrás de los imperialistas y en contra de la Unión Soviética en Afganistán, nosotros, de manera única, tomamos lado con el Ejército Rojo contra los reaccionarios islámicos respaldados por la CIA. La presencia soviética trajo la esperanza de la liberación a los pueblos afganos y especialmente a las mujeres esclavizadas por el velo y la ley islámica. En ese entonces proclamamos: ¡Viva el Ejército Rojo en Afganistán! ¡Extender las conquistas de la Revolución de Octubre a los pueblos afganos! Nos opusimos a la traicionera retirada de Afganistán por parte de Gorbachov y advertimos proféticamente sobre el impulso que ésta le daría a la contrarrevolución, señalando: “Es mejor luchar en Afganistan que en Moscú”.
En los centros urbanos a través del Medio Oriente hay un proletariado industrial moderno que tiene el poder social y el interés de clase para trascender las divisiones étnicas y religiosas y para barrer con el orden capitalista. La tarea es hacer al proletariado consciente de sus intereses, combatiendo todas las variantes del nacionalismo, incluyendo el nacionalismo “progresista” de la Organización para la Liberación de Palestina, y toda forma de fundamentalismo religioso. La clave es forjar una dirección revolucionaria basada en el programa de la revolución permanente de Trotsky, que enseña: “Con respecto a los países de desarrollo burgués retrazado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas” (La revolución permanente, 1929).
Trotsky enfatizó que “el destino ulterior de la dictadura [proletaria] y del socialismo dependerá, en último término, no tanto de las fuerzas productivas nacionales como del desarrollo de la revolución socialista internacional.” Hoy en día, en el Medio Oriente la lucha contra la guerra y la dominación imperialistas, y contra el opresivo dominio capitalista de los despóticos jeques, coroneles y gobernantes sionistas, no puede ser resuelta dentro de los confines de un solo país. La justicia para el pueblo palestino, la emancipación nacional de los kurdos y la emancipación de las mujeres del velo y la sharia (ley islámica), requiere que los fundamentalistas medievales en Irán y Sudán, los sangrientos carniceros en Siria e Irak, las monarquías reaccionarias en Jordania, Arabia Saudita y los estados del Golfo y los asesinos y enloquecidos gobernantes sionistas de Israel sean todos barridos. ¡Todas las fuerzas de EE.UU., la OTAN y los demás imperialistas fuera del Medio Oriente! ¡Israel fuera de los Territorios Ocupados! ¡Defender al pueblo palestino! ¡Por una república socialista del Kurdistán! ¡Por una Federación Socialista del Medio Oriente!
Estas luchas deben ser enlazadas a la lucha por la revolución socialista en los países capitalistas avanzados de Europa, Norteamérica y Japón. A lo largo de los centros imperialistas, los trabajadores inmigrantes y sus hijos representan un puente viviente que conecta la lucha de clases entre las metrópolis y las antiguas colonias, y enlaza a los inmigrantes racialmente oprimidos con el poder del proletariado en su conjunto. Una lucha contra la guerra y contra la opresión racial y nacional no puede ser llevada a cabo con la política de compromisos empujada por los socialdemócratas, los exestalinistas y sus colas en la llamada “extrema izquierda”. La lucha contra la guerra presupone un instrumento revolucionario de combate: un partido trotskista internacional. Ésta es la tarea a la que está dedicada la Liga Comunista Internacional.
La vasta maquinaria de la muerte en manos de los imperialistas es una medida del enorme progreso científico y tecnológico que la Revolución Industrial hizo posible. Hoy en día, la ciencia y la tecnología son empleadas principalmente para allanar el camino a la extracción de ganancias por parte de la burguesía, a través de la aplastante explotación de la abrumadora mayoría de la población mundial, amenazando la existencia misma de la civilización humana. Para hacer que la ciencia y la tecnología actúen en bien de la humanidad se necesita arrancar los medios de producción de las manos de los gobernantes capitalistas imperialistas y crear una economía planificada internacional. Sólo de esta forma podrá empezarse a satisfacer las necesidades de los miles de millones de trabajadores que actualmente están condenados a una terrible y embrutecedora pobreza, y podrá acabarse con la amenaza de la guerra de una vez por todas. Sólo la revolución socialista puede acabar con la guerra imperialista: ¡Reforjar la IV Internacional de Trotsky, partido mundial de la revolución socialista!
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/Irak-lci.htm
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2015.06.30 21:09 qryq La geopolítica del declive mundial de Estados unidos. Washington versus China en el siglo XXI. (2)

Britania Gobierna las Olas
En la época del poder marítimo, que duró más de 400 años -desde 1602 hasta conferencia de Washington en 1922- las grandes potencias competían por controlar la isla mundial euroasiática a través de las vías marítimas que se extendían alrededor a lo largo de 15.000 millas desde Londres hasta Tokio. El instrumento del poder era, por supuesto, el barco: primero buques de guerra, luego acorazados, submarinos y portaviones. Mientras los ejércitos terrestres avanzaban trabajosamente por el barro de Manchuria o Francia en batallas con cantidades estremecedoras de bajas, las armadas imperiales se deslizaban por el mar, maniobrando por el control de costas y continentes enteros.
En la plenitud de su poder imperial, alrededor de 1900, Gran Bretaña gobernaba las olas con una flota de 300 buques capitales y 30 bastiones navales, bases que rodeaban la isla mundial desde Scapa Flow en el Atlántico Norte, a través del Mediterráneo en Malta y Suez, hasta Bombay, Singapur y Hong Kong. Al igual que el imperio romano cercaba el Mediterráneo convirtiéndolo en Mare Nostrum ( ´Nuestro Mar´), la potencia británica convertiría el océano Índico en su propio "mar cerrado", asegurando sus flancos con ejércitos en la frontera noroeste de la India e impidiendo a los persas y otomanos construir bases navales en el Golfo Pérsico.
Con esa maniobra, Gran Bretaña también se aseguraba el control sobre Arabia y Mesopotamia, territorio estratégico al que Mackinder denominó <> y la puerta de entrada al "heartland" de la isla mundial. Desde esta perspectiva geopolítica, el siglo XIX fue, en el fondo, una rivalidad estratégica a menudo llamada "el Gran Juego", entre Rusia "dominando casi por completo el Corazón continental "... golpeando las puertas interiores de las Indias", y Gran Bretaña "avanzando hacia tierra firme desde las entradas marítimas de la India para enfrentar la amenaza procedente del norte". En otras palabras, Mackinder llegó a la conclusión de que <> de la edad moderna eran el poder marítimo versus el poder terrestre o "la isla mundial versus el Corazón continental.>>
Las intensas rivalidades, primero entre Inglaterra y Francia y más tarde entre Inglaterra y Alemania, sirvieron para impulsar en Europa una incesante carrera de armamento naval que elevó el coste del poder marítimo hasta unos niveles insostenibles. En 1805, el buque insignia del Almirante [Horacio] Nelson, el HSM Victory, con su casco de roble de 3.500 toneladas, navegó a una velocidad de nueve nudos hacia la batalla de Trafalgar contra la armada de Napoleón, sus cañones de ánima lisa de 100mm disparando balas de 19,05 kg, a una distancia que no superaba los 360 m.
Un siglo después, en 1906, Gran Bretaña creó el primer buque de guerra moderno, el HMS Dreadnought, con un casco de acero con un grosor de 30,5 cm y 20.000 toneladas de peso, turbinas de vapor que permitían alcanzar una velocidad de 21 nudos y cañones de repetición mecanizados de 12 pulgadas capaces de disparar proyectiles de 385 kg, con un alcance de 19 km. El coste de este leviatán fue de 1,8 millones de libras esterlinas, equivalente a casi 300 millones de dólares actuales. En la década siguiente media docena de potencias habían vaciado sus tesoros para construir flotas enteras de estos letales y costosísimos acorazados.
Gracias a la combinación de la superioridad tecnológica, el alcance mundial y las alianzas navales con Estados unidos y Japón, la Pax Británica duraría un siglo entero, desde 1815 hasta 1914. Al final, sin embargo, este sistema mundial estuvo marcado por una acelerada carrera de armamento naval, una volátil diplomacia entre grandes potencias y una feroz competición por el imperio de ultramar que acabó en la salvaje carnicería de la Primera Guerra Mundial, dejando 16 millones de muertos para 1918.
El Siglo de Mackinder
Como señaló (1) una vez el prestigioso historiador Paul Kennedy, especializado en asuntos internacionales, <>, con dos guerras mundiales por el control de sus ´rimlands´ que se extendieron desde Europa Oriental hasta Asia a través de Oriente Medio. De hecho, la Primera Guerra Mundial, como el propio Mackinder explicó, <>. Al final de la guerra, en 1918, las potencias marítimas -Gran Bretaña, Estados Unidos y Japón- enviaron expediciones navales a Arcángel, el Mar Negro y Siberia para contener la revolución rusa dentro del "heartland" de Rusia.
Constatando la influencia de Mackinder en el pensamiento geopolítico alemán, Adolf Hitler arriesga su Reich en un intento descabellado de apropiarse del heartland ruso como Lebensraum, o espacio vital, para su "raza superior". El trabajo de Sir. Halford fue determinante en el ideario del geógrafo alemán Karl Haushofer, fundador de la Zeit schruft füer Geopolitik, impulsor del concepto de Lebensraum y asesor de Hitler y de su brazo derecho (2), Rudolf Hess. En 1942 el Fürher envió un millón de hombres, 10.000 piezas de artillería y 500 tanques para quebrar el frente del río Volga en Stalingrado. al final, el ejército alemán tuvo 850.000 víctimas, entre heridos, muertos y capturados, en un intento vano de atravesar el rimland de Europa Oriental hacia la región pivote de la isla mundial.
Un siglo después de la publicación de la obra capital de Mackinder, otro académico e historiador británico especializado en la historia de los imperios, John Darwin, sostuvo en su magistral After Tamerlane (3) [Después de Tamerlán] que Estados Unidos había conseguido su "colosal imperio" [...] a una escala sin precedentes tras la Segunda Guerra Mundial, al convertirse en la primera potencia de la historia que controlaba los puntos axiales estratégicos "en ambos extremos de Eurasia" (su interpretación de la "Euro-Asia" de Mackinder). Con el temor a la expansión china y rusa como "catalizador de la colaboración", Estados unidos se hizo con bastiones imperiales en Europa Occidental y Japón. con estos puntos axiales como pilares, Washington construyó después un arco de bases militares siguiendo el patrón británico, con las que fue rodeando la isla mundial.
La Geopolítica Axial de Estados Unidos
Una vez arrebatado el control de los extremos axiales de la isla mundial a la Alemania nazi y el Japón imperial en 1945, durante los siguiente 70 años Estados Unidos aplicó capas cada vez más gruesas de poder militar para contener a China y a Rusia dentro del heartland euroasíatico. Despojada de su cobertura ideológica, la ambiciosa estrategia de Washington de la "contención" anticomunista de la época de la Guerra Fría fue poco más que un proceso de sucesión imperial. Una Gran Bretaña agotada fue reemplazada en el control del "marginal marítimo", pero las realidades estratégicas siguieron siendo prácticamente las mismas.
De hecho, en 1943, dos años antes del final de la Segunda Guerra Mundial, un envejecido Mackinder publicó (4) su último artículo, "The Round World and the Winning of the Peace" ["El mundo redondo y la conquista de la paz"], en la influyente revista estadounidense Foreign Affairs. En él, recordaba a los estadounidenses que aspiraban a una "ambiciosa estrategia" para una versión sin precedentes de hegemonia planetaria que incluso su "sueño de poder aéreo mundial" no cambiaría las bases estratégicas. <>, controlando la <>.
Al momento de establecer una nueva Pax Americana posbélica, lo primero y básico para contener el poder terrestre soviético sería la Armada estadounidense. Sus flotas rodearían el continente euroasiático, complementando y luego suplantando a la Armada británica: la Sexta Flota se instaló en Napoles en 1946 para controlar el océano Atlántico y el mar Mediterráneo; la Séptima Flota se estableció en la Bahía de Subic, Filipinas, en 1947, para controlar el Pacífico Occidental; y desde 1995 la Quinta Flota se encuentra en Bahrein, en el golfo Pérsico.
A continuación los diplomáticos estadounidenses sumaron capas de alianzas militares envolventes: la Organización Del Tratado Atlántico Norte (1949), la Organización del Tratado del Medio Oriente (1955), la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (1954) y el Tratado de Seguridad Estados Unidos-Japón (1951).
En 1955 Estados Unidos tenía una red mundial de 450 bases militares en 36 países, en gran medida, para contener el bloque sino-soviético detrás del Telón de Acero que coincidía en grado extraordinario con las "rimlands" de Mackinder alrededor de la masa continental euroasiática, Hacia el final de la Guerra Fría, en 1990, el cerco de la China comunista y Rusia necesitaba 700 bases de ultramar, una fuerza aérea de 1.763 aviones de combate, un enorme arsenal nuclear, más de mil misiles balísiticos y una armada de 600 buques, incluyendo 15 portaviones nucleares y sus flotillas, todos conectados por el único sistema global de satélites de comunicación del mundo.
Como fulcro del perimetro estratégico de Washington alrededor de la isla mundial, la región del golfo Pérsico ha sido durante casi 40 años el lugar donde Estados Unidos ha intervenido constantemente, de manera manifiesta y encubierta. La revolución iraní de 1979 supuso la pérdida de un país clave en el arco del poder estadounidense alrededor del golfo, dejó a Washington en la difícil posición de tener que reconstruir su presencia en la región. Con ese fin y simultáneamente, por un lado apoyaría a Sadan Husein en Iraq en su guerra contra el Irán revolucionario y, por el otro, armaría a los muyahidines afganos más extremistas contra la ocupación soviética en Afganistán.
Fue en este contexto en el que Zbigniew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter, puso en marcha su estrategia para derrotar a la Unión Soviética con una agilidad geopolítica absoluta, que todavía hoy sigue siendo sin ser comprendida. En 1979, Brzezinski, un aristócrata polaco empobrecido que conocía como pocos las realidades geopolíticas de su continente natal, convenció a Carter para lanzar la Operación Ciclón (5) con un enorme presupuesto anual que alcanzó los 500 millones de dólares a finales de los 80. su objetivo: movilizar combatientes musulmanes para atacar el blando vientre centro-asiático de la Unión soviética y abrir una brecha profunda de radicalismo islamista en el heartland soviético. Lo que simultáneamente iba a infligir una derrota desmoralizadora al Ejército Rojo en Afganistán y dejar el "rimland" de Europa Oriental fuera de la órbita de Moscú. <>
http://www.theguardian.com/world/2004/jun/19/usa.comment
http://en.wikipedia.org/wiki/Deputy_F%C3%BChrer
http://www.amazon.com/dp/1596916028/ref=nosim/?tag=tomdispatch-20
http://thediplomat.com/2015/03/halford-mackinders-last-view-of-the-round-world/
http://www.independent.co.uk/news/terror-blowback-burns-cia-1182087.html
http://www.globalresearch.ca/articles/BRZ110A.html
 CONTINUARÁ... 
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